Eduardo MENDOZA, sobre bilingüismo

Lifelong Bilingualism Maintains Neural Efficiency for Cognitive Control in Aging

Brian T. Gold, Chobok Kim, Nathan F. Johnson, Richard J. Kryscio and Charles D. Smith Department of Anatomy and Neurobiology, Magnetic Resonance Imaging and Spectroscopy Center, Sanders-Brown Center on Aging, Department of Statistics, and Department of Neurology, University of Kentucky, Lexington, Kentucky 40536, and Department of Psychology, Kyungpook National University, Daegu, 702-701 South Korea

The Journal of Neuroscience, January 9, 2013.

111_Page_01 111_Page_02 111_Page_03 111_Page_05 111_Page_06 111_Page_07 111_Page_08 111_Page_09 111_Page_10

Eduardo MENDOZA, sobre interpretación

LA TRADUCCIÓN Y SUS DESCONTENTOS

He elegido el título de «La traducción y sus descontentos» por razones que me gustaría explicar y que son menos banales de lo que a primera vista puede parecer. Tengo, efectivamente, una larga experiencia en el mundo de la traducción por activo y por pasivo, no solamente por las traducciones que he hecho y por mi actividad como traductor y como intérprete en las Naciones Unidas, sino porque toda mi vida he estado interesado en la traducción. Aunque es obvio que otras actividades profesionales que también he llevado a cabo han tenido más repercusión pública, nunca he considerado que fuera en primer lugar autor de novelas y traductor de una manera subsidiaria, o provisional,. Es verdad que durante un tiempo me he ganado la vida como traductor, pero eso no significa que haya considerado jamás la traducción como un ganapán mientras no alcanzaba un determinado nivel de éxito en otras actividades. Por el contrario, cuando estas otras actividades me han permitido una mayor independencia económica, he seguido ejerciendo la traducción porque me interesa y porque me gusta mucho.

Casualmente se presenta hoy en Barcelona la última novela del escritor Javier Marías, que es, probablemente, uno de los grandes traductores literarios que hay en España, y con el que algunas veces he tenido ocasión de hablar de estos temas. Tanto él como yo hemos coincidido en que lo que más nos gusta es traducir y, subsidiariamente, escribir, puesto que la traducción nos brinda unas satisfacciones muy especiales. Es más, esta última novela de Javier Marías está presidida por la obsesión de la traducción, no tanto por lo que se refiere al oficio de traductor -al que dedicó una de sus novelas más conocidas, Corazón tan blanco- sino por la necesidad cada vez mayor de vivir inmersos en un mundo donde la traducción es una presencia constante. No me refiero solamente al hecho de que en las grandes aglomeraciones urbanas existan de una manera oficial o, de hecho, dos, tres y hasta cuatro idiomas en la calle. No me refiero al monolingüismo, bilingüismo o trilingüismo, sino al hecho de que todos vivimos perpetuamente en un mundo donde estamos traduciendo la información y los contactos que recibimos.

Creo, pues, que la traducción es algo más que un simple trabajo, unas técnicas aplicadas a la búsqueda de unos resultados, creo que la traducción es algo que envuelve nuestra vida cotidiana. Sin embargo, también es -y a esto quiero referirme- un trabajo, un trabajo para el que la mayoría de los presentes se están preparando. Y a esto es a lo que me quiero referir: al trabajo del traductor.

Mi experiencia ha hecho que encontrara a lo largo de los años entre los traductores una característica común, que era el descontento. Entre todas las profesiones, la de traductor es la que ofrece el porcentaje más alto de personas malhumoradas. Al principio pensé que eran gajes del oficio o alguna cosa parecida; luego investigué un poco más la causa de esta perpetua queja en la que vive el traductor profesional y descubrí que no faltan razones prácticas.

La traducción no es una actividad muy bien pagada; algunas facetas de alta interpretación lo son, pero, por lo general, es una profesión que ofrece pocas recompensas económicas como para que un traductor vaya por la calle riéndose a carcajadas. Además, las perspectivas de que el negocio prospere son muy escasas, puesto que se paga a destajo y, por lo tanto, la única forma de aumentar los ingresos es aumentando el trabajo, cosa que no tiene ninguna gracia. Esta característica, de todas formas, lo comparte con muchas otras profesiones del mundo, y no creo que sea el único motivo por el que reine en el colectivo de traductores una cierta sensación de malestar.

Otra razón es, por ejemplo, el anonimato del traductor. En cierto sentido, este anonimato tiene enormes ventajas, es sumamente agradable. Claro que esto no se sabe hasta que uno no pierde el anonimato, y entonces ya es demasiado tarde para dar marcha atrás. El hacer un trabajo sin que nadie le esté a uno mirando a la cara es muy bonito, pero es verdad que eso supone también una falta de reconocimiento, que, además, en nuestra sociedad se ve agravada por un lastre de desconsideración muy antiguo. Es muy raro que se mencione el trabajo del traductor incluso en los catálogos de las editoriales más serias y prestigiosas. Cito este ejemplo porque hace poco tuve un enfrentamiento con una editorial que había publicado un magnífico catálogo y en él había obviado los nombres de los traductores, cosa que me parecía una grave desatención hacia el traductor y también hacia el lector, que en muchos casos y por razones obvias quiere saber quién ha traducido una obra concreta.

Del mismo modo, muy rara vez la crítica se refiere al traductor o a la traducción y si lo hace es para poner objeciones y para señalar sus defectos, casi nunca para decir « es magnífica», salvo en los casos en que la traducción es prácticamente una recreación del original.

La traducción es un trabajo que se realiza en soledad, lo cual lo convierte en un trabajo árido. Es un trabajo muy intenso, que requiere una enorme dosis de concentración y, además, se suele realizar siempre con apremio. En mi experiencia de traducción literaria sólo ha habido un caso en el que he podido trabajar sin prisa. Fue la traducción de una selección de la correspondencia de lord Byron. Sabía que la retribución económica era insignificante en comparación con el trabajo que eso me iba a dar por una serie de razones técnicas, pero tampoco tenía ningún plazo de entrega, por lo cual decidí hacerla a ratos libres; de este modo, y durante dos plácidos años, cada tarde me preparaba un té y traducía una carta de lord Byron. Es la única experiencia que he tenido de una traducción por placer, y fue una vivencia estupenda; llegué a pensar que, a lo mejor, el paraíso consistía en llegar a un lugar donde había diccionarios, un ordenador que no se estropeaba nunca y la posibilidad de traducir durante toda la eternidad sin tener que «entregar» en un momento determinado.

Además de todas estas razones que acabo de enumerar y que me parecen ciertas, pero que forman parte de la profesión y son tan evidentes que el que no las sabe antes de elegir la profesión es que no está en sus cabales, hay otro descontento más profundo. Es un descontento que tiene que ver con la esencia misma de la traducción. Como he dicho al principio, yo no tengo conocimientos teóricos de la traducción. Pero tampoco soy un absoluto ignorante: he leído algunos libros, he asistido a varias conferencias, e incluso he conseguido escuchar alguna entera. Bromas aparte, no estoy en contra de la teoría de la traducción. Eso sería absurdo. Por lo demás, el que dice que está en contra de la teoría de la traducción ya está haciendo teoría de la traducción. Pero como, repito, no tengo estos conocimientos, soslayaré el tema y me limitaré a hablar de la traducción desde el punto de vista práctico.

En primer lugar y ante todo, una traducción sólo puede empeorar el texto original, porque si lo mejorase lo traicionaría. Hay algunos casos excepcionales en los que se mejora ligeramente el original, pero eso es la excepción que confirma la regla. La sensación que tiene el traductor es que su trabajo consiste simplemente en una suma de males menores y, en definitiva y visto en perspectiva, en un fracaso. No hay duda de que así tiene que ser.

Hace poco leía en francés la correspondencia de Flaubert. En 1850 Gustave Flaubert hace un largo viaje por Egipto, Oriente Medio y Tierra Santa, del que años más tarde saldrán sus experiencias literarias pseudoorientalistas. A lo largo de este viaje va escribiendo cartas donde cuenta las peripecias por las que atraviesan él y sus acompañantes. Muchas de estas cartas van dirigidas a su madre, que se ha quedado en Francia. No es una mujer muy mayor; disfruta de una situación económica desahogada y tiene dos hijos más, una hija y un hijo, sin embargo, Flaubert siempre ha vivido con ella y tiene mala conciencia por dos motivos. Por una parte piensa que está gastando mucho dinero en el viaje; por otra, tiene la sensación de haber abandonado a su madre. Entonces le escribe unas cartas llenas de ternura en las que se dirige a ella diciendo: «yo estoy aquí dándome la gran vida et toi, pauvre vieille…». Es una expresión afectuosa que repite continuamente. El que ha sido traductor, al llegar a este momento, como me pasó a mí, cierra el libro y piensa: «Ahora, ¿qué haría yo si tuviera que traducir esto? «Pobre vieja»… Bueno, al final de la charla les daré la solución que se ma ha ocurrido mientras la preparaba.

La principal dificultad con que se encuentra un traductor -como me dijo cuando empecé a trabajar como traductor a tiempo completo en las Naciones Unidas, uno de mis maestros, hombre de cierta edad, con larga experiencia en el terreno y, por añadidura, hombre sabio-, el problema más grave de la traducción es que hay que traducir textos que están en otro idioma. No hay nada más que decir. Una vez que se entiende esto, se ha entendido el trabajo del traductor. El problema es que la mayoría de nosotros nos enfrentamos al trabajo de la traducción sin darnos cuenta de que lo que estamos haciendo es precisamente eso. Es muy frecuente entre los traductores -que tenemos tendencia a rechazar la sensación de fracaso por haber hecho una traducción que necesariamente se va a quedar a cierta distancia de la meta, que es el texto auténtico, nos lleva a pensar que la traducción es un trabajo muy bonito al que alguien se empeña en ponerle inconvenientes y trabas como en el caso de Flaubert. Todos los traductores, en el fondo, tenemos una convicción que se podría expresar en estos términos: «Yo sería un gran traductor si no fuera por estas malditas dificultades que me ponen en los textos». Es como si un médico dijera: «Yo soy un médico muy bueno, pero es que la gente se empeña en venir enferma y así no hay quien ejerza la profesión dignamente». Es muy importante saber que las dificultades no son externas al trabajo, sino que son el trabajo. A esta obviedad, como ocurre siempre con las obviedades, se llega después de un larguísimo recorrido por convicciones metafísicas.

Hay dos tipos de traducción. En mi experiencia, yo diría que tres, pero sólo dos son fundamentales-. Este tercer tipo, que en cierto modo descarto porque no pertenece propiamente al campo de la traducción -aunque lo sea- es la traducción de textos que presentan problemas ajenos a la traducción por dificultades materiales: textos en lenguas desaparecidas, que pertenecen más al mundo de la arqueología que al mundo de la traducción; textos en los que la traducción interviene de un modo subordinado o auxiliar con respecto al trabajo del arqueólogo y cuyo objetivo es el desciframiento. Recuerdo haber llevado esta idea hasta extremos radicales en el curso de una discusión, hace ya muchos años, con un traductor muy recordado y querido, hoy ya desaparecido, Ángel Crespo, en la cual yo le decía que la traducción de los clásicos, por ejemplo, no era propiamente una traducción, puesto que lo que había que hacer era descifrar en términos no estrictamente de traducción el contenido de los textos y que la diferencia entre lo que llamamos un texto clásico y uno moderno consistía en que el texto moderno no requería esta labor de desciframiento, de descodificación, o, dicho de otro modo, que no necesitaba notas a pie de página. El caso más claro y complejo es el de la Biblia: continuamente se están haciendo nuevas traducciones en las que intervienen conocimientos ajenos a la estricta traducción. No es difícil traducir «es más difícil que un rico entre en el cielo que un camello pase por el ojo de una aguja». Sin embargo, esto no es una traducción ni es nada, porque lo importante es la nota de pie de página. ¿Qué quiere decir «un camello por el ojo de una aguja»? No hace falta añadir que Ángel Crespo, que había realizado una extraordinaria traducción de la Divina Comedia no estaba de acuerdo conmigo. Nunca he encontrado a dos traductores que estén de acuerdo sobre lo que es o ha de ser la traducción.

Pero volviendo al tema y dejando de lado estos casos de traducción muy especializada, el traductor normal, se encuentra con dos tipos de texto: el puramente práctico, el texto que ha de traducir con fines prácticos, y el texto literario. El texto con fines prácticos no es en absoluto inferior en importancia al texto literario; incluso en la vida práctica tiene una importancia mucho mayor: un fallo en la traducción de un escrito sobre medicamentos o sobre medicina es mucho más grave que un error en la traducción de un soneto de Shakespeare. Yo he tenido que hacer traducciones cuya trascendencia era grande, por ejemplo, en un hospital donde había enfermos inmigrantes y necesitaban un traductor que hiciera de vehículo entre el paciente y el médico. Un caso mucho más importante que la traducción de una novela. Este tipo de traducciones parece plantear menos problemas de forma, aunque también los plantea, y muy serios, porque en ellas lo importante es la claridad, y la claridad no es una prioridad en la mente de la mayoría de los traductores. Por el contrario, la mayoría de los traductores seguimos, por instinto, la ley del máximo esfuerzo, entre otras razones para que se note el esfuerzo y, en otros momentos, por algo muy simple y muy humano que es el deseo de apartarnos al máximo del texto original para evitar las contaminaciones y lo que se llaman falsos amigos. Cuanto menos se parezca la traducción al original, más a salvo estaremos de caer en trampas, lo cual hace que a veces la traducción se convierta en un verdadero acertijo y en un laberinto sin salida, como se puede comprobar leyendo cualquier manual de instrucciones de un electrodoméstico o de cómo se programa un vídeo. El temor a las repeticiones, la necesidad de buscar sinónimos, etc, etc.

Otra cosa son los textos literarios; son más agradecidos, pero también presentan tremendas dificultades. Yo he hecho varias traducciones literarias y tengo la satisfacción de poder decir que algunas me han salido muy bien y otras me han salido muy mal, y digo que esto me satisface porque me permite creer que tengo los criterios bastante claros. He cometido verdaderos desaguisados, no porque me equivocara en la traducción de determinadas expresiones o términos -eso nos pasa a todos y no es grave-, sino porque me he equivocado a la hora de enfocar y plantear una traducción. En este terreno, la traducción requiere algo previo a la mera traducción de un texto, que es la interpretación o la lectura particular que cada traductor hace del texto. Esto es inevitable, no existe una traducción que no lleve consigo una reelaboración del texto, por la sencilla razón de que una obra literaria no es una mera acumulación de palabras con fines informativos como puede ser el manual de instrucciones, sino algo que tiene voluntad de estilo.

La palabra «estilo» provoca siempre una cierta reacción adversa, al igual que la palabra «diseño». Ha habido, efectivamente, un abuso -el abuso del estilo es anterior, el abuso del diseño es más moderno-, porque se han comercializado estos conceptos o porque han entrado en una especie de retórica oficial, y esto nos lleva a creer que son artificios que deforman «lo natural». Pero se trata de un error por nuestra parte: no hay tal cosa como «lo natural». Una silla de diseño es un truismo, porque toda silla es de diseño; puede estar bien diseñada o mal diseñada, pero no hay una silla «natural», no hay una silla platónica que existe antes de que alguien se pusiera a hacer una silla, de la misma manera que no existe un escrito que no tenga un estilo. Muchos aparentan no tenerlo, pero lo tienen -un estilo aberrante, pero un estilo. Hay quien cree -y no sólo lo cree, sino que lo dice, incluso con cierto orgullo-, que no cae en la tentación del estilo y que escribe como habla. Tal vez sea así, pero también eso es un estilo, y no necesariamente el mejor ni el más claro. Por lo tanto, a la hora de traducir hay que optar por un estilo. Y un estilo que no puede ser una imitación del original, porque eso normalmente es un pastiche, sino una auténtica re-creación del estilo original.

Sin embargo, como me decía mi maestro, el problema es que el texto original siempre está escrito en otro idioma, y esto lo complica todo de mala manera. Entonces, ¿qué hay que hacer? En una mesa redonda de traductores que habíamos traducido al novelista inglés E. M. Forster, un traductor dijo que, enfrentado al estilo de Forster, había decidido utilizar para traducirlo al castellano el estilo de don Benito Pérez Galdós. En aquel yo no llevaba armas encima y no le pude abatir, pero lo habría hecho con gusto. Pero la pregunta sigue en pie: ¿qué hay que hacer? ¿Escribir como habría escrito Forster si hubiera nacido en Cáceres en vez de en Inglaterra? ¿Conservar aquellas expresiones que son no ya típicamente inglesas sino características del inglés eduardiano en el que escribía Forster y que si desaparecieran o se cambiaran se traicionaría el espíritu de la novela? Un ejemplo: «¿quieres una taza de té, querida?». Nadie en España dice «querida» a una visita a la que está ofreciendo té; ni siquiera se le ofrece té. Podría decirse, «¿quieres un chupito, tía?», pero eso no es lo que Forster escribió. Ahora bien, Forster ¿escribió «quieres té, querida»? No. Forster escribió Would you like a cup of tea, darling?, que suena de una manera completamente diferente. ¿Se puede traducir? Sí, todo se puede traducir. Un término que no se puede traducir ya no es un término lingüístico. Cualquier palabra tiene que poder ser traducida puesto que remite a un concepto abstracto. El que lee un libro, de hecho, está viendo unas palabras que le remiten a un concepto que él puede descodificar y entender, y puede imaginarse perfectamente a una señora que recibe a otra señora en su casa y le ofrece un té simplemente porque unas manchas y unos signos en negro sobre un papel blanco así se lo sugieren. Y si el lector lo puede reconstruir, también se puede traducir. Bien o mal, pero se puede traducir. Todo se puede traducir.

El problema está en entender exactamente lo que se está leyendo. En la primera página de una novela mía -cuyo título no daré, porque no tiene mayor interés-, refiriéndome a los años difíciles de la posguerra en España, decía poco más o menos: «Aquel invierno fue muy frío, había restricciones de electricidad, la gente se quedaba metida en sus casas y se calentaba en la mesa camilla con un brasero de orujo». Quizá la mayoría de los presentes no sepa ni lo que es una mesa camilla ni un brasero, aunque prefiero pensar que sí, que hay una cierta cultura general que va más allá de Tele Cinco. En fin, que la novela en cuestión ha sido traducida a varios idiomas -todavía no sé por qué, pero ha sido traducida a varios idiomas-, y esta frase apareció en dos o tres ocasiones de la forma siguiente: «Como hacía mucho frío, en la mesilla de noche, quemaban alcohol de baja calidad». Naturalmente, como buen aficionado a la traducción, me pregunté: ¿Cómo hemos venido a parar aquí y por qué? Veamos.

En la mayoría de los países europeos no se conoce la mesa camilla, o no es una institución, como lo fue en España. La mesa camilla viene de una costumbre andaluza consistente en poner faldas a las mesas. De esta manera, mesas de calidad inferior -hablo de una época pasada- se ennoblecían con una simple tela encima. Ahora bien, como en invierno en Andalucía hace más frío que en Siberia, se les ocurrió poner debajo de las faldas de la mesa un hornillo para calentarse las extremidades inferiores, cosa que produce flebitis y otras enfermedades. Como no conocían esta historia, los traductores cayeron en una trampa fácil de ver: la expresión «mesa camilla» es simétrica a «mesilla de noche». Camilla y mesilla comparten un mismo diminutivo poco frecuente, -illo/-illa. En estas condiciones, la tentación de unir mesilla y camilla es fácil: de mesa, mesilla; de cama, camilla. La mesilla de noche se impuso sin esfuerzo, porque era lógico que por la noche hubiera algún artilugio en la mesilla de noche para protegerse del frío, puesto que de la noche hace más frío que de día.

En cuanto al orujo, todos los diccionarios que consulté ofrecen una sola definición. El orujo es una bebida típica de Galicia que se hace aprovechando los restos de la uva una vez que se ha prensada. Estos restos de uva prensada: los rabitos, la piel, las pepitas…, se destilan y se obtiene así un aguardiente en principio de baja calidad. Ahora han mejorado mucho los métodos elaboración y el orujo es una bebida refinada, pero originalmente era, como digo, una bebida ruda. El carbón de orujo, que se utilizaba en los años difíciles de la posguerra para el brasero de la mesa camilla, estaba hecho con restos de carbón ya quemado; por eso era altamente tóxico, y por eso se produjeron muchas defunciones por inhalación de los gases procedentes de la combustión del carbón de orujo. Una vez que se había quemado el carbón o la leña, los restos se prensaban hasta convertirlos en una especie de pastillas que se podían volver a utilizar porque todavía conservaban propiedades calóricas. A estas pastillas, por analogía con la bebida gallega, se las llamaba “carbón de orujo” o, simplemente, “orujo”. Los traductores que habían caído en la trampa de la mesa camilla volvieron a caer en la trampa del orujo. Pensaron: «Qué raro que se calentaran teniendo en la mesilla de noche una bebida gallega; a lo mejor es que, de vez en cuando, le daban un “lingotazo”», lo cual, efectivamente, es una manera de quitarse el frío de encima, pero pensaron: «No, no debe de ser eso, porque no puede ser que todo un país esté dándole al orujo, los viejos, los niños, todos…». Entonces, dedujeron lógicamente que debía tratarse de un alcohol de baja calidad, el alcohol extraído de los residuos de la uva. Pensaron: «debía de haber algo parecido a un fogoncillo, una lamparilla alimentada con este alcohol de mala calidad, y en la mesita de noche… ya se imagina uno …… Todo era un error, y no un error de forma, de estilo, sino de fondo. Los buenos traductores sólo cometemos errores de fondo. Y la imaginación es uno de los más sediciosos enemigos del traductor

En este error no cayó -y fue el que me permitió descubrirlo-el traductor al alemán, que, además de poseer un conocimiento excelente del castellano y del catalán, es un gran amigo mío, por lo que cuando traduce una novela me consulta casi a diario por carta, por fax, por e-mail o por teléfono. «¿Qué quiere decir esto?, o, más bien: ¿qué quisiste decir tú con esto?…» En una ocasión, hablando con él de este tema, me dijo: «yo ya he entendido lo que quiere decir, pero por principio desconfío de mi perspicacia y me quiero asegurar». De él he descubierto cosas que ponen los pelos de punta al traductor profesional, porque en la experiencia ajena se ve la facilidad con que cada uno, con la mejor voluntad, puede incurrir en los errores más tremendos. Por ejemplo, ¿qué quiere decir «a segunda hora»? «Nos veremos a segunda hora de la tarde». Para un traductor europeo, esta segunda hora eran las cuatro o cuatro y media, porque en Europa, a las cinco, se ha acabado la tarde, la gente se retira y empieza la noche o esta hora intermedia que en castellano no tiene una traducción fácil. Un traductor me preguntó: «¿La segunda hora de la tarde son las cuatro o cuatro y media?». Le dije: «No, más bien las ocho». Dijo él: «¡Pero esta es la hora de irse a dormir!» Y yo le respondí: «Sí, pero cuando yo lo escribí la expresión “segunda hora de la tarde”, me refería a la hora en que uno ya ha terminado el trabajo y sale a tomarse una cervecita con los amigos». Dijo: «Qué cosa más rara, pero en fin…»

Como este ejemplo hay muchos. Les contaré otro, también relacionado con el horario, aunque en un sentido distinto: En el consultorio de un médico, las «horas de visita». El traductor pensó: «En rigor, las horas “de visita” quiere decir cuando el médico no está, cuando se ha ido. Visitar supone ir a casa de otro. Si un médico “visita” de cuatro a ocho, es que a estas horas se va a casa de unos amigos. Lo contrario serán las «horas de consulta» en las que, efectivamente, está.». Por supuesto, ningún traductor incurrió en el error de pensar que un médico anunciaría sus horas de ocio en lugar de anunciar las de atención al paciente, pero la cuestión apareció y yo expliqué que como antiguamente los médicos visitaban a los enfermos en sus casas, había quedado en el lenguaje cotidiano la hora de visita como hora de consulta, aunque ahora era el enfermo el que realmente visitaba. «Me ha visitado el médico» -en el hospital, o en su consultorio- quiere decir pura y simplemente «me ha hecho un reconocimiento». ¿Cómo saber estas cosas?

Desde luego, hay otras más difíciles, como son las que requieren una extrapolación cultural. En un mal día escribí una novela -ni siquiera era una novela,- que publiqué en un periódico durante el verano. Se llamaba Sin noticias de Gurb, y como en el relato aparecía un extraterrestre que adoptaba formas humanas, de personas conocidas de aquel momento, personajes de actualidad, se me ocurrió que se transformara en Marta Sánchez, de moda en aquella época y de la que acababa de ver una foto. Cuando la novela fue traducida, este problema se me planteó continuamente. Recibí varias consultas de traductores que me decían: «En Francia, en Alemania, en Dinamarca, nadie sabe quién es Marta Sánchez, o sólo una minoría, de modo que hemos pensado buscarle un equivalente». Les pregunté: «¿Y cuál es el equivalente de Marta Sánchez en Dinamarca?» Contestaron: «Madonna». Y yo les dije: «No, no; eso no puede ser, no puede ser, porque Madonna no hará gracia a los daneses, como a nosotros nos puede hacer Marta Sánchez».

En fin, los casos son infinitos. Lo importante, sin embargo, no son estos detalles. Yo creo que es inevitable que en una traducción con un mínimo de dificultad, sobre todo de un texto con voluntad de ser original, de tener una cierta idiosincrasia, algunas bromas, algunos significados desplazados para provocar sorpresa en el lector, en este tipo de traducciones, hay que aceptar pérdida inevitable como de un 10%, por fijar una cifra de consenso. Hay que procurar que no pase de este 10, pero al 10 hay que resignarse.

¿Por qué entonces -volviendo al principio de la intervención y ya cerrando esta tabarra-, el descontento profundo de la traducción? ¿Por qué los traductores, que hemos elegido este trabajo, que no nos lo han impuesto, que lo hacemos con cariño, que tenemos la pasión por las palabras -porque esto es lo que, en definitiva, nos conduce a la traducción-, una verdadera ansia, un hambre continua de palabras, de significados, de expresiones, de dificultades y problemas como los que he citado, experimentemos un último sentimiento de descontento ante la traducción? Yo he llegado a la conclusión -no sé si falsa- seguramente simplista y provisional, puesto que debería matizarse -ya lo haré, y a lo mejor dentro de diez años vuelvo con mis nuevas conclusiones- de que la traducción, a pesar de su pertenencia académica al mundo de las humanidades, no es una rama de las humanidades. ¿En qué se diferencia? Insisto en que son conclusiones provisionales y que incurriré en simplificaciones.

Toda actividad relacionada con las humanidades es una actividad de tipo creativo destinada a un público, a un receptor indefinido e infinito. El que escribe un poema, pinta un cuadro, establece un sistema filosófico, lo hace como una proyección al universo intemporal. Esa ha de ser su ambición y este ha de ser su objetivo. Otra cosa es que esto sólo lo consigan contadísimas excepciones en la historia, pero el propósito ha de ser éste. El propósito de la traducción es otro; el propósito de la traducción es un trabajo puramente técnico que se establece a dúo entre el autor de un texto y su traductor y el traductor y el receptor de este texto, que no es ni universal ni intemporal. Es concreto aunque el destinatario sea un desconocido, aunque se haga una traducción para ser vendida en las librerías. No se sabe quién lo va a comprar, no se sabe cuánto tiempo se va a leer, pero el propósito, la ambición ha de ser sólo la que he dicho: un paco binario. Con eso, ¿estoy rebajando el nivel de la traducción? Yo creo que no. No creo, además, que existan categorías dentro del mundo de las actividades del espíritu -qué más da- y, además, en el supuesto de que llegáramos a la conclusión de que la traducción es una actividad de rango inferior a la de escribir poesía, nada impide que un traductor luego, en sus ratos libres, escriba poesía. No, con eso no estoy rebajando el nivel de la traducción; pero, además, creo que no es una categoría inferior, sino otra cosa. Y es otra cosa porque lo que establece es siempre un pacto, una relación de uno a uno, no de uno a todos. Por eso un texto original no caduca, y las traducciones sí.

Cualquier texto clásico ha de ser retraducido por cada generación. Cada veinte años hay que traducir necesariamente a los clásicos. Se puede leer ahora una traducción de los clásicos de hace veinte, treinta o cuarenta años, pero tiene un interés historicista; no estamos leyendo una traducción, estamos leyendo historia de la traducción. Así, las traducciones de los clásicos de la Bernat Metge ya no son traducciones, sino historia de la traducción, porque los textos lo que en su momento fueron: una traducción. Hoy habría que traducir la traducción. La traducción siempre es presente; en el momento en que empiezan a correrle los años, la traducción se desvanece y acaba perdiendo su interés, salvo que adquiera un nuevo interés por otras razones, porque fue una traducción que hizo alguien célebre o porque es interesante para estudiar la evolución de la lengua en una época determinada, pero ya no es una traducción, es una reliquia. La traducción es algo muy concreto, muy específico y se hace siempre mano a mano, entre dos interlocutores, que son el texto o, si se quiere, el autor del texto y el traductor. Es un trabajo de enfrentamiento: saber qué ha querido decir el autor del texto y por qué. No es un trabajo de imaginación, no es un trabajo de creación, es un trabajo de deducción. Es el trabajo del detective, no es el trabajo del asesino, que es el que protagoniza realmente la novela de misterio, aunque el suceso esté contado desde el otro punto de vista. La traducción la contamos desde el punto de vista del traductor, pero no es así, el traductor es el que investiga los crímenes que ha cometido el autor. Y en un momento posterior es también una relación mano a mano entre el traductor y el receptor, el lector o el oyente en el caso de la interpretación, a la que no me he referido, pero a la que se aplican igualmente todas las ideas que he expuesto. Es un nuevo pacto mano a mano, aunque sea con un desconocido: Te voy a contar lo que otra persona ha escrito en un idioma que tú no conoces, pero te lo voy a contar sólo a ti. Es un pacto que se renueva cada vez que un nuevo receptor se enfrenta a un texto traducido; en ese mismo momento se establece una relación bipersonal. Y esto es lo que produce -si el traductor aspira a ocupar un puesto en el mundo de la creación artística el descontento al que se refiere el título de mi charla, un descontento que no debería ser tal, porque de lo que se trata no es tanto de una obra de creación como de una obra de amor, en la cual el que sea una relación individual está plenamente justificado. Hay que tener muchísimo cariño al texto y a las palabras, cosa que a menudo es difícil de conseguir, por lo que he empezado diciendo: por la prisa, por el apremio, por la necesidad, por el no poderlo hacer cuando uno realmente querría hacerlo, dedicarle todo el tiempo que requiere a lo mejor una dificultad. ¡Cinco días para resolverla! Esto sería magnífico, y esta relación posiblemente haría que los traductores viéramos qué obra tan agradable y hermosa y gratificante estamos llevando a cabo. Como no siempre puede ser así, a veces padecemos, o padecemos siempre en algún rincón oscuro de nuestro subconsciente esta sensación de que el trabajo que estamos haciendo no es exactamente lo que debería ser. Sí lo es, es nuestra percepción, ayudada por las circunstancias adversas, lo que nos induce a error.

Si entendiéramos que la traducción no es otra cosa que esta relación mano a mano, no sería tan difícil resolver el problema de Flaubert y su madre, el “pauvre vieille” a que me he referido antes. He dicho que propondría una posible solución y ahora mismo lo haré, para no incurrir en una de las cosas más irritantes con las que tropieza un traductor a lo largo de su carrera: pedir ayuda y recibir teoría. Cuando uno pregunta: «Oye, ¿cómo traducirías esto, que no encuentro una solución?» y le responden: «La traducción consiste en trasladar de una cultura a otra cultura…». Bueno, yo no haré eso.

La solución a la pauvre vieille de Flaubert pasa por establecer una relación entre Flaubert y el traductor y el traductor y el lector. ¿Qué quería decir Flaubert? Es evidente. ¿Se utilizaba en Francia en aquella época esta expresión para referirse a la madre como en algunos países de habla española se dice «mis viejos» u «hola, vieja», «hola, viejo», sin que constituya una falta de respeto? ¿Era una expresión propia de la época, era una expresión regional, de la zona a la que pertenecían Flaubert y su madre? ¿Era una expresión que había acuñado el propio Flaubert y que utilizaba con su madre de una manera cariñosa como algunos hijos a veces ponen motes a sus padres o los padres a los hijos, y como tal aparece en una carta que no fue escrita para que al cabo de doscientos años unos traductores se pusieran a pensar cómo la iban a trasladar al finlandés? No lo sé, quizá se pueda averiguar, quizá no se pueda averiguar; en cualquier caso, tampoco se lo podemos preguntar a Flaubert como me preguntaban a mí lo del orujo y la mesilla de noche. ¿Qué hay que hacer entonces? Es muy fácil. Si la relación es entre Flaubert y el traductor y entre el traductor y el lector, la traducción es cualquiera, porque el traductor entiende muy bien lo que quería decir Flaubert. Entiende que no la insultaba a distancia llamándole «cascajo», o algo parecido. Entiende que era un término afectuoso y como tal lo va a escribir, y como tal lo va a leer el lector. ¿Qué pondría yo? Después de darle varias vueltas, «pobrecita». Por supuesto que traicionaría al original, pero no hay que caer en la manida coquetería del traductor-traditore. No hay tal traición; ahora bien; y si alguien prefiere el término «mamita»… o cualquier otro de la misma familia, es igual. Hay que suponer en el lector un grado de inteligencia por lo menos igual al del traductor, no inferior; quizá, no el mismo grado de información, pero sí el mismo grado de inteligencia, y es obvio que en una carta, salvo que alguien ponga un verdadero disparate porque haga una no-traducción, una extraña aportación al mundo de las «perlas» de la traducción, será perfectamente entendida, porque el traductor, insisto, no está creando nada. Está, simplemente, transmitiendo unos datos que van a permitir entenderlo al lector que no conoce el francés, pero que no quiere poner a prueba al traductor, sino sólo conocer la obra de Flaubert, y que sabe perfectamente que se lo están trasladando de la manera más honrada posible y con las dificultades propias del caso. No es un llamamiento a poner lo que a uno se le pase por la cabeza, al contrario. Yo creo que tiene que ser el fruto de una larga reflexión, pero esta reflexión ha de pasar necesariamente y ha de partir del convencimiento de que la traducción es eso, un pacto, una complicidad a dos bandas; el autor del texto, el traductor y el futuro o inmediato lector del texto.

Si entendemos que el principal problema de traducir un texto es que está escrito en otro idioma, cosa que no siempre tenemos presente cuando traducimos, y si tenemos en cuenta que la traducción es eso, no mejoraremos la paga, ni los plazos, ni los apremios, pero seguramente podremos prescindir de algunos de los descontentos. Esto se lo digo porque se van a encontrar con muchos a lo largo de su carrera, que les deseo fructífera y rica en experiencias. Porque a los que verdaderamente amamos las palabras no se nos puede dar mejor regalo que una traducción difícil. Muchas gracias.
Eduardo Mendoza.

© Universitat Pompeu Fabra, Barcelona

F. XAVIER VILA: language problems in Catalonia?

Un nou conflicte per saber qui mana

 A finals del 2012 s’ha encetat a Espanya un nou capítol de la lluita centenària per veure com s’organitza la seva coexistència lingüística. Pocs dies després de les eleccions del 25 de novembre al Parlament de Catalunya que van donar una àmplia majoria als partits favorables a organitzar una consulta d’autodeterminació d’aquesta nacionalitat autònoma, el ministre d’educació espanyol va fer públic un projecte de llei que va provocar un enèsim terratrèmol polític. El motiu? Més enllà de les acusacions d’afavorir unes visions neoliberals i reduccionistes de l’educació, el conflicte va esclatar sobretot a causa del paper que la llei atorgava a les autoritats de Madrid en la supervisió del sistema educatiu i pel tractament que atorgava a les llengües altres que el castellà, que és el nom constitucional —a més d’històric i demogràficament majoritari— de la llengua espanyola a Espanya.

Anem però als fets. Atenent-nos estrictament a la seva lletra, és innegable que el projecte implica que el govern espanyol s’atorga unilateralment un grapat de competències: entre altres coses, si aquest projecte es duu a la pràctica, el govern central dictarà el 65% dels currículums escolars, és a dir, convertirà en anecdòtica la capacitat de les autoritats territorials, de les escoles i dels mestres d’adaptar els continguts a les seves circumstàncies. Un nen de les Canàries, al nord d’Àfrica, i un del País Basc, a tocar de França, cursaran essencialment la mateixa història, geografia, medi natural… A més, és igualment innegable que el projecte, almenys en la seva formulació inicial, converteix les llengües que no són el castellà i la primera llengua estrangera en matèries secundàries. N’hi ha prou de veure que mentre les primeres hi són considerades “matèries troncals”, és a dir, centrals per a la formació de l’alumnat, les altres no apareixen al projecte més que com a “matèries d’especialització”. De fet, inicialment el projecte del Ministeri fins i tot preveia que l’alumnat dels territoris amb llengües pròpies altres que el castellà podria obtenir els successius títols d’escolarització primària i secundària havent de dominar el castellà però sense saber la llengua pròpia del territori on vivien, un presumpte lapsus que diu molt de la ideologia de qui promou l’esborrany.

El projecte obre un altre front en el terreny de la llengua vehicular. Cal tenir present que Espanya és un dels països més plurilingües d’Europa: un 40% de la seva població resideix en territoris amb més d’una llengua oficial, i encara hi ha altres territoris on les llengües pròpies no són oficials però tenen reconeguts cert estatus i són presents a les escoles. Fins ara, el disseny dels models lingüístics escolars ha depès de les autoritats autonòmiques, i aquestes han optat per fórmules diferents: en alguns territoris hi ha sistemes de línies lingüístiques —on els pares trien la llengua d’escolarització dels fills—, en altres hi ha sistemes amb diferents proporcions de cada llengua, i també hi ha sistemes amb models lingüístics teòricament unificats per a tot l’alumnat. El propòsit del ministre és canviar aquesta situació per tal que a tot el territori espanyol sigui obligatori oferir-hi ensenyament en castellà. De fet, segons quina lectura es faci del text, la llei podria excloure l’ensenyament en llengües altres i obligar que almenys el 50% del currículum es fes sempre en castellà. Amb aquests plantejaments, el conflicte amb les autoritats territorials, sobretot amb Catalunya, resulta inevitable.

Cal no oblidar que els tres darrers segles, l’Estat espanyol ha dut a terme una política sostinguda d’assimilació lingüística, prohibint l’ús i l’aprenentatge de les altres llengües espanyoles i promocionant l’adopció del castellà com a llengua única. No ha estat fins després de la caiguda de la darrera dictadura militar, l’any 1978, que les altres llengües han pogut obtenir l’estatus d’oficialitat, i encara sota moltes condicions i no pas a tot arreu. En aquest context, l’escola ha estat la punta de llança dels processos de recuperació de les llengües minoritzades. Catalunya ha estat capdavantera en aquest terreny: aplicant sistemes d’immersió i convertint el català en la llengua vehicular principal del sistema educatiu, ha aconseguit passar d’un 31% de població alfabetitzada en català l’any 1986, a un 62% l’any 2008, i prop d’un 75% entre els joves. I aquest progrés del coneixement del català s’ha fet sense reculades en el coneixement del castellà, que continua estabilitzat entorn del 100%; sense afeblir els resultats escolars dels escolars, que de fet se situen una mica per sobre de la mitjana espanyola; i sense crear fractures socials entre els parlants de diferents llengües. De fet, l’acord en defensa del sistema vigent a Catalunya és força gran, com demostra el fet que 86% dels representants al Parlament de Catalunya donin suport explícit a l’actual model educatiu

Mancats d’arguments pedagògics i lingüístics per atacar el model escolar català, els detractors del model lingüístic escolar català se centren essencialment en un punt: el model no inclou la possibilitat de fer tot l’ensenyament en castellà. Aquest no és, però, un debat pedagògic, sinó polític, d’arrel clarament nacional(ista). Després de segles d’exaltació unitarista, per a un segment majoritari de l’opinió pública de l’Espanya castellana, la idea d’haver d’aprendre una altra llengua per viure “al seu país” resulta senzillament intolerable. Confonent els termes castellà i espanyol, bona part d’aquesta població es concep com la “normalitat” i viu la diversitat lingüística espanyola gairebé com una agressió. L’exemple d’altres països plurilingües com Suïssa, Bèlgica o el Canadà no són mai tinguts en compte. En canvi, per a una majoria de catalans, la plena integració “al seu país” demana que els nouvinguts acabin sabent la llengua local. I per fer-ho, res millor que educar els infants en català, sobretot tenint en compte que aquesta escola els garanteix saber també el castellà. Per contra, tal com mostren els resultats escolars de València i les Illes, els escolars que assisteixen a centres en castellà o molt bilingües rarament acaben aprenent la llengua local.

És en aquest context que cal entendre les reaccions a la nova llei d’educació. Per a amplis sectors de l’Espanya castellana, aquest és un projecte raonable que els permet passejar-se per la seva geografia prescindint de la llengua autòctona i imposant la seva perspectiva de la història, la geografia i, en definitiva, el món. Per a molts no castellans, en canvi, el projecte és una nova mostra de la tendència històrica del centre a imposar-se per la força als altres pobles d’Espanya. Un nou conflicte, per tant, per saber qui mana. Un nou argument, doncs, per a desvincular-se d’un estat que cada vegada senten menys com a propi.

F. Xavier Vila, professor titular de la Universitat de Barcelona y Director del Centre Universitari de Sociolingüística i Comunicació, ens parla dels models lingüístics escolars a Espanya.

A consecutive demo: los locávoros

THE MAKING OF:

Gemma and I are both interpreters and we were asked to do a speech and consecutive for you to show you just one example of how an interpreter’s consecutive notes are used to convey a message in a lively way, so that the interpreter is taking real ownership of the speaker’s message. As we did not have much time for filming, Lourdes suggested we met beforehand and ran through the speech together to see if there might be any potential stumbling blocks for my notes, as that was the focus of her video this time. So this was not a real test situation (as I was not hearing it totally for the first time) but I had NOT taken notes from it the first time so the film shows me actually taking notes from a speech having heard the story once before. The speech was not read. It was a story that Gemma was telling and she did not necessarily say exactly what she had said when I heard it the first time earlier that day. So it was very close to being a real consecutive situation but not quite!

In a way that is more like a meeting as you would be aware of the subject and vocabulary beforehand and would be conveying arguments which are less unpredictable than in a test or an open competition. The speech was not that difficult and only lasted about five minutes, I think. In a test one might be asked to do a speech of seven or eight minutes and that is perfectly possible when one has been trained to do it.  As conference interpreters we mostly do simultaneous interpretation so consecutive is sadly not such a frequent occurrence but I believe it is the best possible way of learning to be a good interpreter because your powers of analysis and understanding have to come to the fore. You cannot allow yourself to get hung up over one word or the way to say something. The great advantage is that you have the time to listen to the whole speech before you render it in your mother tongue so you are in almost the same position as the speaker and can really try to put across the whole message. That is why I think consecutive interpretation is actually a great deal more satisfying to do even though it never stops being a bit nerve-wracking ! Adrenalin is never a bad thing though and I really recommend all student interpreters not to be scared of consecutive and even to try to enjoy it!”

Anne and Gema are both staff interpreters at the SCIC, DG INTERPRETATION, European Commmission.

Alumnos en fuego cruzado

El ministro de Educación, José Ignacio Wert, ha dicho recientemente en el Congreso que quiere españolizar a los alumnos catalanes. Por su parte, la consellera de Educación, Irene Rigau, dijo en un acto público en Barcelona en julio de 2011 que en Cataluña deberíamos estar todos orgullosos de haber catalanizado el sistema educativo. ¿No responden ambas posturas a posiciones político-partidistas ajenas a la educación?

Desde luego, estas posiciones no son nuevas en España, donde la educación ha estado tradicionalmente dirigida por políticos y ha servido más a los intereses partidistas que a los intereses de los alumnos. Lo más desesperante de todo ello es que ni unos ni otros parecen tener como prioridad el proporcionar a los alumnos una educación moderna, abierta, conocedora de lo propio, pero a la vez cosmopolita, exigente, reflexiva y crítica. Parece ser más importante españolizar o catalanizar, y a ello se dedica tiempo, esfuerzo y también muchos insultos y agresividad, como constatamos cada día.

El sistema educativo catalán es, desde hace tiempo, criticado encendidamente por unos y defendido a ultranza por los otros porque en él se usa una sola lengua vehicular, el catalán. Como es bien sabido, esta es la lengua en la que se desarrolla toda la actividad escolar y el español es enseñado como asignatura durante tres horas a la semana. Recientemente, a partir de las declaraciones del ministro Wert en favor de españolizar a los alumnos catalanes, un nuevo aspecto del sistema educativo catalán está siendo objeto de enfrentamiento entre los dos bandos: los contenidos de las asignaturas de Historia y Geografía. La cuestión de la lengua vehicular, no obstante, sigue siendo motivo de disputa y posiblemente lo seguirá siendo durante tiempo. En este artículo hablaré de esta cuestión.

La situación en la que nos encontramos parece ser, brevemente, la siguiente. Para Rigau y sus defensores, el catalán debe continuar siendo la única lengua vehicular en las escuelas de Cataluña. El llamado sistema de inmersión es considerado por la Generalitat el sistema-único-posible para todos los alumnos catalanes. Hace ya tiempo que fue definido como una “línea roja” infranqueable y cualquier objeción a este modelo, sea del tipo que sea, es inmediatamente rechazada como un ataque al catalán. Se nos dice que el sistema actual es fruto de un amplio consenso ciudadano en Cataluña, a pesar de que no disponemos de ninguna encuesta o estudio de opinión por parte de una institución independiente que avale esta afirmación.

Por su parte, para Wert y sus defensores la única preocupación está del lado del español y raras veces expresan interés en que todos los alumnos también reciban un buen aprendizaje del catalán. A ello se añade el que este bando parece percibir la ausencia del español en las aulas catalanas como una ofensa a ellos y a España, hacia la que reaccionan de forma extremadamente beligerante. Es posiblemente esta sensación de ofensa lo que les atenaza y les impide concretar qué modelo alternativo quieren. A veces dicen que optan por una escuela bilingüe catalán-español para todos los alumnos, y otras veces, por una doble red, con unas escuelas en español y otras en catalán, y la consiguiente elección de una red u otra por parte de las familias. La última idea ha sido, no obstante, otra: querer subvencionar escuelas privadas en Cataluña para que impartan la educación únicamente en español.

Así son las posturas y así son los intereses partidistas de cada bando. Sin embargo, ¿cuáles son los intereses de los alumnos? ¿Cuáles son sus necesidades lingüísticas? ¿Qué es más útil para ellos? ¿Qué es más enriquecedor? ¿Cuál es el deseo de la mayoría de alumnos, el conocer y saber usar bien una lengua o las dos? Tal vez ha llegado la hora de pensar en los alumnos y en lo que es mejor para ellos.

Si analizamos la cuestión objetivamente, parece claro que las necesidades lingüísticas de los alumnos catalanes pasan por el aprendizaje sólido y en profundidad de ambas lenguas, el catalán y el español, además de un aprendizaje adecuado del inglés, cuestión esta de gran calado, pero que no discutiré ahora. Para poder realizar un aprendizaje de ambas lenguas oficiales en condiciones y de manera equitativa para todos los alumnos, estos deberían poder aprender ambas lenguas en la escuela (y no una en la escuela y la otra en la calle), recibiendo asignaturas en ambas, familiarizándose con la terminología académica de ambas y disponiendo del espacio para realizar trabajos escritos y presentaciones orales en ambas. El objetivo prioritario de las escuelas debería ser el de reflejar la realidad bilingüe de Cataluña y equipar a los alumnos para desenvolverse adecuadamente en ella. Aquí debería terminar su función en el campo lingüístico.

El sistema de inmersión que se practica en Cataluña es único en Europa. Ninguna otra comunidad bilingüe de Europa lo ha implementado. Todas ellas han optado por uno de estos dos modelos: una doble red de escuelas, como, por ejemplo, Gales, con una red de escuelas en galés y otra en inglés, o el modelo de escuela bilingüe o trilingüe, como Luxemburgo, donde todas las escuelas imparten la educación en las tres lenguas del país. Nadie nos quiere explicar por qué en Cataluña se ha optado por un modelo monolingüe obligatorio para todos los alumnos, inédito en el resto de Europa. ¿Qué razón pedagógica hay? Nos tememos que ninguna, que el motivo es de otro orden, el de siempre, político.

No es la escuela monolingüe sino la escuela bilingüe la más acorde con los estudios académicos internacionales sobre aprendizaje escolar de lenguas, estudios que ni un bando ni otro citan nunca. Expertos como Jim Cummins, Colin Baker o James Tollefson han demostrado en sus investigaciones que en las comunidades bilingües, la escuela bilingüe, a diferencia de la escuela en una sola lengua, es un modelo más integrador, más efectivo cognitivamente, más adecuado desde un punto de vista afectivo y posiblemente la única manera de proporcionar una alta competencia en ambas lenguas a la mayoría de alumnos.

Sin embargo, lo que sucede en Cataluña es lo contrario de lo que es deseable desde un punto de vista educativo: los alumnos se encuentran actualmente en fuego cruzado, supeditados a unos que les quieren catalanizar y a otros que les quieren españolizar. Los alumnos catalanes son claramente los grandes perjudicados por esta suplantación de su educación lingüística por ideología partidista. Por esta razón es necesario seguir insistiendo en que, tanto en Cataluña como en el resto de España, la educación debería estar únicamente al servicio de los alumnos y los programas escolares deberían guiarse solamente por criterios pedagógicos. En el caso que nos ocupa, sería una educación bilingüe catalán-español la que cumpliría con estos requisitos.

Mercè Vilarrubias es catedrática de lengua inglesa en una de las Escuelas Oficiales de Idiomas de Barcelona y autora del libro Sumar y no Restar. Razones para introducir una educación bilingüe en Cataluña (editorial Montesinos).

Publicado en El País, seis de Noviembre 2012.

La inmersión lingüística en el contexto europeo, Mercè Vilarrubias

Publicado en El País, uno de Abril 2013.

European Commissioner Vassiliou, about languages and interpretation.

Ladies and gentlemen,

This is an important moment for languages in Europe. As we continue our celebration of the European Day of Languages, we have one eye on the past and one on the future.

Ten years ago, in Barcelona, European Union leaders set out an ambitious vision of language-learning and its contribution to every child’s education. The aim was clear: to improve the mastery of basic skills, in particular by teaching at least two foreign languages from a very early age.

Today, it is only natural that we should try to take stock. How useful was the Barcelona target? How much progress have we made so far? Where do we go next? These are some of the questions we will be discussing today and tomorrow.

But before we talk about what needs to be done, I think we should pause to reflect on where we all stand today. To be more precise, I believe this is an opportune moment to consider the place of languages within the European Union. To put it bluntly, do languages still matter, and why?

I would offer a simple response: the day when Europe ceases to speak its many languages is the day that Europe – as an idea, as a project – ceases to exist.

In spite of a profound economic crisis, which has rocked the European Union to its very foundations, our fundamental objective remains the same: to work together for a better society while fully respecting our differences. We continue to believe that freedom, equality, solidarity and diversity can be reconciled in a common endeavour.

Language is essential to this mission. If we no longer take the trouble to learn our neighbours’ language, then we are less likely to understand their concerns, and even less likely to lend a helping hand. Experience tells us that we are more willing to make sacrifices for those that we know and trust. Today as much as ever, culture and language remain potent factors of our sense of community.

I believe the role of language goes even deeper than this: it is about our relationship with our fellow human beings and how we empathise with them. Today, science helps us to understand the workings of the human mind, and one phenomenon is especially interesting for any discussion of language-learning: the act of imitation.

I think many of us would recognise how imitation helps us to learn a new language. Is it not both pleasurable and curious to see how we try, quite instinctively, to imitate the sound of the other’s voice – the accent, the intonation, the style. Imitation is one of the most vital human skills, and the new sciences of the brain are helping us to understand just how important it is.

The scientist and former teacher of English, Iain McGilchrist, has developed this idea. McGilchrist says:

“Human imitation is not slavish. It is not a mechanical process – dead, perfect, finished – but one that introduces variety and uniqueness. The enormous strength of the human capacity for imitation is that our brains let us escape from the confines of our own experience and enter directly into the experience of another being.

This is the way in which we bridge the gap, share in what another person feels and does, and what it is like to be that person.”

I believe that these ideas have major implications for the debate on language-learning and its place in European society. Science is beginning to tell us new things about our mind and how it manages important social functions such as language and our relations with other people.

To put it very simply, if we begin to lose interest in learning other people’s languages – and if we no longer try to imitate our neighbours in this very natural and healthy way – then we no longer enter into their world, and do not empathise with their thoughts and feelings. This, I believe, is the most profound and urgent reason why Europe, perhaps more than ever before, must encourage its people to learn new languages. It continues our historic mission to bring peace to our peoples.

Having briefly looked into the workings of the human mind, let us now return to the global stage and the workings of international relations. When we debate the importance of learning new languages, we are speaking about the European Union’s place in the world. And it is here that I find much of my optimism.

I believe that if this twenty-first century is to be marked by further economic and technological integration, the continued expansion of our communication networks, and greater mobility among our peoples, then the European Union may be better equipped to prosper in this new world than many people believe.

Europe has a long history of managing its own diversity, including its cultural and linguistic variety. Of course, this has not been one long success story. Far from it. The European Union was, at its birth, the response to a catastrophic failure to resolve conflict. Still today we cannot ignore the spread of populist and sometimes xenophobic sentiment in our national politics.

But I believe we can and will overcome these tensions precisely because our diversity has become such a central part of who we are. It’s part of our DNA. So much of our political debate, both national and European, grapples with the question of how we reconcile liberty, equality and solidarity in a multicultural society. This is a permanent conversation across Europe, which has already existed for many years and will continue for many more, and it defines who we are.

The European Union today is home to 23 official languages – Croatia will take it to 24 next year – and around 60 minority and regional languages, not to mention well over 100 migrant languages. Some will always be spoken more widely than others, but we value all of them equally. Each and every language embodies a unique cultural identity, and none should be sacrificed on the altar of efficiency.

At this point, I would like to pay tribute to the translation and interpreting services of the European Commission and Parliament, whose Director Generals are here with us today. No other organisation in the world functions in as many languages as we do, and we should be proud of the excellent service that we provide to our citizens day in day out, often under the most trying circumstances.

Our commitment to cultural and linguistic diversity belongs to the unique political model that the European Union has offered to the world over the last half-century. Europe’s openness both among its own nations and towards the rest of the world, I believe, constitutes the core of our ‘soft power’ for the years to come.

Of course, I am not naïve. I recognise that today’s economic crisis has raised serious questions about the future of European integration. I accept that our sense of solidarity is being stretched to its limits, and that many people question the benefits of a globalising economy. But in spite of these worries, I am convinced that Europe’s unique historic response to the question of diversity prepares us well for the knowledge-based society that has arrived.

At this point, I would challenge the idea, as others have done recently, that the rise of English as the global lingua franca is inevitable and without limits. Certainly, for many years to come, the dominance of English in global affairs seems set to continue. But history tells us something about the uncertainty that accompanies such trends.

In the words of the eminent linguist, Nicholas Ostler:

“None of us live long enough to see the course of development of a global language, although we may witness some of the salient events in one, such as the revival of Hebrew in Israel, the abolition of Russian from schools in the Baltic, or the growth of competence in English in Japanese students.

This inevitably gives the impression that these relatively sudden changes are where the action lies. By contrast, we are led to believe that a development that has taken centuries, such as the rise of English, is ultimate and unstoppable. These impressions are deceptive.”

Next to the question of Europe’s place in the world comes that of our economic future. Beyond today’s urgent task of solving the eurozone crisis, we must also address the deeper imbalances between our economies, and think carefully about the sort of economy we want to build. And this brings us to the question of education.

The European Commission estimates that, by 2020, around 15 million new jobs in Europe will require high-level skills. In 2020, about one third of all jobs will demand such skills. This is how the knowledge-based society translates into real needs and political choices.

The question facing the European Union is simple and stark: will we invest sufficiently in the modernisation of our education systems so that we can empower all our young people, irrespective of their social background and financial means, to develop their full potential as human beings?

Education now occupies a central place in the European Union’s economic policy-making. Many of you will be familiar with ‘Europe 2020′, our road-map out of the crisis and onto the path of smart, sustainable and inclusive growth. Among its five headline targets, ‘Europe 2020′ calls on Member States to expand tertiary education to 40 per cent of young people, and reduce the number of early school leavers to below 10 per cent.

Now, every year, the European Commission recommends policies to all of the Member States, advising them how to address the most urgent challenges to their economy, including through education and training.

Let me be clear. This new promotion of education within European policy-making is momentous. For it is precisely as a central pillar of education for the knowledge-based society that we want to position the learning of new languages.

This explains why the European Union’s future programme for education and training, ‘Erasmus for All’, includes language-learning and linguistic diversity as one of its six objectives. And I am happy to announce that in their negotiations on ‘Erasmus for All’, both the European Parliament and the Member States fully support this new, enhanced status for languages.

Ladies and gentlemen,

You will have the opportunity over the next two days to discuss ‘Erasmus for All’ in more detail, and I will only say a few words about the programme now.

Above all, we plan to finance three types of activity, and each of these will promote language-learning and linguistic diversity.

First, mobility. Since its creation 25 years ago, the ‘Erasmus’ programme has allowed more than two million young Europeans to study abroad. With a new budget that Member States are negotiating this autumn, we hope to expand this opportunity so that a much wider group of people can study, train or work abroad.

‘Erasmus for All’ therefore creates an historic opportunity to boost language-learning across the European Union. By 2020, as many as 900,000 people every year could be enjoying an EU-funded exchange, as pupils, teachers, students, trainees, youth workers or volunteers. Our ambition is to integrate language-learning into every mobility experience for all sectors of education. If we can achieve this, then we would dramatically increase the number of people of all ages who are exposed to new languages.

The second pillar of ‘Erasmus for All’ will support cooperation and partnerships between organisations. Our goal is innovation. Transnational projects encourage openness and excellence, and facilitate the exchange of good practice between institutions.

We will continue to support pan-European networks for language-learning and linguistic diversity. It is here that we must explore how languages interact with numerous other policy objectives in education. From early childhood education and care to ICT, language-learning should play a central role.

The third pillar of ‘Erasmus for All’ will support policy reform. One of the great strengths of European policy-making is our ability to learn from one another. The EU cannot interfere in national education and language policies – the Treaty forbids it – but we can help to identify policies that work. We can guide Member States and propose new ideas to them.

Ladies and gentlemen,

I have concluded with a more practical vision of languages within the European Union. Our new approach to education and training, embodied in ‘Erasmus for All’, responds to the urgent needs of European society and the desperate situation of Europe’s youth.

But let me be clear about one thing. Our attention to the economic role of languages in no way undermines our commitment to linguistic diversity as an objective in its own right. On the contrary.

Today, the European Union’s duty to protect and promote diversity is enshrined more securely than ever before. Our Charter of Fundamental Rights forbids any discrimination based on language, and declares that the Union must respect linguistic diversity.

It is our responsibility to ensure that our pride in these values is matched by an equal commitment to their realisation in daily life. I can assure you that the European Commission stands ready to do precisely that, and, in ‘Erasmus for All’, we will have a powerful tool.

Ten years after Barcelona, this is a moment to measure progress and draw lessons, and at the same time look to the future and imagine new opportunities. I believe we can do so with a sense of purpose and optimism.

This year saw the first-ever European Survey of Language Competences as well as a major poll of public opinion – the Eurobarometer. These two surveys have created a vast and comprehensive body of research, which will help us to design a new European benchmark on language-learning. The Commission plans to launch the benchmark in the near future.

The Eurobarometer and the Survey of Language Competences tell a fascinating story, and you will have the chance to explore them in more detail tomorrow.

The most important message that I took away from the research is that we all have a lot of work to do if Europe is to become more multilingual, but the general public recognises the importance of the task.

At the start of my presentation, I asked the question of whether language`s still matter. In the eyes of our citizens, languages have never been as important as they are today. The European Commission could not agree more.

Thank you“.

Commissioner Vassiliou, 27 September 2012
Limassol, Cyprus.

Cristóbal OSUNA: Trabajar en Naciones Unidas

Cristóbal OSUNA is Head of the Spanish Unit, Interpretation Services, United Nations, Geneva.

The United Nations is an international organization founded in 1945 after the Second World War by 51 countries committed to maintaining international peace and security, developing friendly relations among nations and promoting social progress, better living standards and human rights.

Due to its unique international character, and the powers vested in its founding Charter, the Organization can take action on a wide range of issues, and provide a forum for its 193 Member States to express their views, through the General Assembly, the Security Council, the Economic and Social Council and other bodies and committees.

The work of the United Nations reaches every corner of the globe. Although best known for peacekeeping, peacebuilding, conflict prevention and humanitarian assistance, there are many other ways the United Nations and its System (specialized agencies, funds and programmes) affect our lives and make the world a better place. The Organization works on a broad range of fundamental issues, from sustainable development, environment and refugees protection, disaster relief, counter terrorism, disarmament and non-proliferation, to promoting democracy, human rights, gender equality and the advancement of women, governance, economic and social development and international health, clearing landmines, expanding food production, and more, in order to achieve its goals and coordinate efforts for a safer world for this and future generations.

The official languagesused at the United Nations are:

  • Arabic
  • Chinese
  • English
  • French
  • Russian
  • Spanish

The working languages at the UN Secretariat are English and French.

A delegate may speak in any of the official languages, and the speech is interpreted simultaneously into the other official languages. Most UN documents are also issued in all six official languages. At times, a delegate may choose to make a statement using a non-official language. In such cases, the delegation must provide either an interpretation or a written text of the statement in one of the official languages.

Félix OVEJERO: La identidad inventada

Cuando caminamos por un bosque buscamos aquella senda que otros han transitado antes que nosotros. Puede que existan diversos caminos desbrozados, pero, si queremos llegar a nuestro destino con rapidez, escogemos el hollado por más caminantes. Con ello contribuimos a que otros, que vendrán después, puedan caminar con más facilidad. Nadie nos impide coger cualquier otro camino o abrir uno nuevo. Pero no podemos obligar a los otros a escoger nuestra ruta para que nosotros podamos caminar más cómodamente. Lo importante es que a nadie le impidan caminar por donde quiera y que a nadie le obliguen a transitar por donde no quiera.

Según los economistas, lo mismo sucede cuando utilizamos una tarjeta de crédito, un sistema de vídeo, una moneda, un sistema métrico, una compañía de teléfonos o un ordenador. Y una lengua. En tales casos se dan economías de red: se tienden a consolidar los sistemas con más usuarios. Estos procesos, como tales, nada tienen que ver con el mercado o el capitalismo, la competencia perfecta o los monopolios. Actúan del mismo modo el campesino que opta por un sistema de pesas y medidas, el que rotula su comercio o sus productos en una lengua, la multinacional que hace uso del correo electrónico o nosotros cuando compramos un reproductor de vídeo o un ordenador. En eso, tenderos, monopolios y consumidores no difieren del caminante. Lo único que aspiran es a acceder a aquella red que dispone de más usuarios. Con ello, sin pretenderlo, contribuyen a reforzar la red y a facilitar la llegada de otros. Quienes optan por otros sistemas ven limitadas sus opciones, pero no pueden reprochar nada a quienes no siguen su camino. Es cierto que sus dificultades tienen que ver con las elecciones de los otros, pero nadie les ha impuesto nada, ni nadie ha hecho nada con la intención de perjudicarles. Cada cual ha escogido libremente su camino y, como resultado de esas elecciones, sus posibilidades quedan limitadas.

Sin duda, las lenguas presentan aspectos especiales. Pero no estoy seguro de que sean los que con frecuencia se alegan. Desde luego, la idea de que la lengua es algo más que un instrumento de comunicación no es un argumento que justifique interferir tales procesos. Si con ello se quiere decir que la lengua condiciona nuestro mundo de experiencias, la idea es sencillamente falsa. Que tú y yo utilicemos palabras distintas para designar el dolor de cabeza, o incluso que en mi lengua no exista una palabra para designar ese dolor, no quiere decir que nuestra experiencia sea distinta. Si sólo se quiere decir que la lengua es algo más que comunicación, la idea es trivial. Todo proceso material presenta diversos aspectos. Una comida es un proceso metabólico, pero también puede ser un acto social. Ahora bien, si deja de ser un proceso metabólico deja de ser una comida. Aunque puede dejar de ser un acto social sin dejar de ser una comida. En el mismo sentido, una lengua es, fundamentalmente, un vehículo de comunicación. En algunos casos puede comprometer dimensiones cognitivas. Pero ni siquiera es seguro que en ese sentido las lenguas resulten excepcionales. Basta con pensar en las monedas. Cuántos de nosotros andamos traduciendo a pesetas nuestros intercambios diarios.

Para valorar la situación resulta decisivo saber cómo ha sido el proceso. Si en una fiesta todos se van emparejando y, al final, sólo quedan un par de personas que no tienen otra opción que emparejarse, éstos podrán lamentar su situación, pero no tendrán razones para culpar a los demás, por más que sea resultado de sus acciones. No es lo mismo que a Anna no le quede otro remedio que casarse con Juan que el que se le imponga casarse con Juan. El procedimiento cuenta. En un caso se respetan los derechos, en el otro, no.

Desde el punto de vista normativo, lo que importa es que, en esos procesos, en esas elecciones, se respeten los derechos. Si a una persona se le impide expresarse en su lengua, abrir un periódico, o escribir un libro, su libertad está siendo cercenada. Lo que resulta más discutible es que le tengan que asegurar unos interlocutores o lectores. Entre otras razones, porque eso supondría obligar a otros a leer o a escribir en su lengua. Supondría limitar los derechos de los demás. Obligarles a caminar por las sendas que no desean. Anna tiene derecho a casarse, pero no tiene derecho a casarse con quien quiera. Entre otras razones, porque también Juan tiene que poder escoger y quizá Anna no le guste.

Hablar de derechos no es decir mucho en tiempos en los que toda reclamación se formula en términos de derechos. De hecho, cuando se producen procesos como los descritos, que tienden a reforzar unas lenguas y debilitar otras, no es infrecuente escuchar apelaciones a los derechos “de las culturas” que se verían minados. Por ello, en el caso de las lenguas conviene precisar qué derechos, en dónde y de quién. Por lo pronto, los derechos que cuentan son los de las personas. Las culturas o las lenguas, como tales, no son sujetos de derecho. Los que sufren, aman y sueñan son las personas, no las culturas. La diferencia es importante. Si uno cree que hay un derecho de las culturas, para preservar la lengua cherokee, que sólo hablan el 8% de los cherokees, habría que convertirla en obligatoria en la enseñanza y, seguramente, dado el escaso número de cherokees, extenderla más allá de sus territorios. Si lo que nos preocupan son los cherokees, hay que darles la oportunidad de que estudien cherokee si lo desean y también la oportunidad de estudiar el inglés, la lengua que habla el 92% de ellos, la lengua de facto de la mayoría de ellos. La lógica de los caminos invita a pensar que los cherokees que deseen ampliar sus opciones vitales, estar informados, conocer otras gentes, viajar o intentar nuevos oficios, preferirán el inglés. Mientras cada cual pueda escoger su camino, que vaya por donde quiera.

También es importante enmarcar el ámbito territorial de aplicación. Basta con pensar en ese impreciso valor del “reconocimiento” que a veces se invoca en España o en Europa. Se puede entender en un sentido puramente simbólico, pero eso, en la práctica, no quiere decir nada, apenas unos cuantos documentos que, en el mejor de los casos, intercambian las administraciones. Cuando se formula con mayor exigencia, parece exigirse que las instituciones estén en condiciones de atender y de reflejar los usos lingüísticos de todos los ciudadanos en todos los lugares. Si así fuera, los cherokees deberían poder ser atendidos en cherokee en cualquier comisaría de Estados Unidos o podríamos reclamar en castellano a un Ayuntamiento polaco por una multa de tráfico o a uno de un pueblo de Córdoba en catalán. Eso y no otra cosa significa, en la práctica, que una lengua sea oficialmente reconocida. No estoy seguro de que resulte una aspiración razonable mientras los recursos no sean infinitos.

Finalmente, los derechos, en el ámbito territorial de aplicación, han de valer para todos, es decir, para cada uno. Aquí también se percibe el contraste entre los derechos de las personas y los de “los pueblos”. El ejemplo de Québec, que pocas veces se recuerda en todos los datos, resulta revelador. Allí la lengua -”la cultura”- mayoritaria es el francés. En ese sentido, la defensa de “la cultura” de la comunidad no se aleja en exceso de la defensa de los derechos de cada uno. Pero no por ello deja de ser una dictadura de la mayoría. Si en España se aplicase el mismo criterio, y en cada una de las autonomías, por ejemplo, la enseñanza se impartiese en la lengua mayoritaria, el castellano sería la lengua exclusiva de la enseñanza. Una propuesta que violaría los derechos de muchas personas, a las que se les impediría escoger su propio camino. Con más razón, pero por el mismo principio, resulta discutible la política aplicada en las comunidades autónomas “dotadas de identidad propia”.

En el caminar de las lenguas, mientras se respeten los derechos, no hay nada que lamentar. Algo que no sucedió durante la dictadura, cuando se obligó a todos a caminar por la senda del castellano, sin que pudieran escoger su propio camino. Con todo, eso no impide reconocer que la expansión del castellano en España tiene menos que ver con la dictadura que con el mecanismo de las sendas. En el siglo XV, Castilla, que incluía Galicia, Vizcaya, Álava y Guipúzcoa, tenía 4,5 millones de habitantes, y la Corona de Aragón, 850.000. En esas condiciones no resulta extraño que el castellano se extendiera y se mantuviera como lengua común y que prácticamente desde el siglo XVI la utilizaran el 80% de los peninsulares. Los flujos económicos, los movimientos de poblaciones, el transitar por los mismos caminos, han acabado por producir un entramado de “identidades” que hace imposibles las tareas purificadoras. Todos somos mestizos de pura cepa. La investigación empírica fiable, la existente y la que hay en curso, confirma que el barro con el que estamos amasados los españoles -y la pista de los apellidos resulta muy elocuente- no presenta muchas variaciones. En realidad, cuando las cosas se miran y se miden en serio, Lugo y Huesca son las provincias con una identidad cultural más alejada de la media española, las de mayor “identidad propia”. En esas condiciones, las invocaciones a la identidad de los pueblos, que poco se parecen a la identidad de los ciudadanos, sólo se pueden hacer a costa de socavar los derechos de los ciudadanos, de meterlos en vereda. A ellos y a unas poblaciones emigrantes que, bien por su cultura de origen, bien por su razonable disposición a desenvolverse en lenguas laboralmente francas, refuerzan día a día las sendas más transitadas.

( El País el 28 de febrero de 2005)

Un poco de aire ante la Inmersión lingüística

De nuevo el nacionalismo con los tambores de la catástrofe. Nadie propone que el catalán deje de ser vehicular ni la separación de niños por lenguas, sino la simple aplicación de sentencias del Constitucional y del Supremo, que avalan una tibia educación bilingüe. Siempre atenta a las inquietudes del poder local, la disciplinada sociedad civil no falta al enésimo toque de corneta. Se fotografían indignados los rectores de Universidad y desde el AMPA, con siglas independentistas, se convoca por correo electrónico a los padres a manifestaciones. Entretanto, a diferencia de lo que sucede en Madrid, con imperturbabilidad budista se digieren recortes y privatizaciones de un Gobierno autónomo que no tiene pudor en decir, por boca de su consejero de Salud, que “no hay un derecho a la salud, porque depende del código genético de la persona”. Será el hecho diferencial.

A la izquierda catalana le falta tiempo para apuntarse. Algo inexplicable. Desde 1953 la educación en lengua materna es un derecho reconocido por la Unesco y, entre nosotros, el bilingüismo era el modelo de la República, incluido el Estatuto de Nuria, y el que defendió el PSC hasta hace dos días, apelando a su pedagoga de cabecera, Marta Mata. Ahora, sin que se sepa cómo ni por qué, nos encontramos a la izquierda relacionando “identidades” con naciones y ciudadanías, urdiendo argumentos con los mimbres intelectuales que nutrieron la peor historia europea. Si lo dudan, vean la entrevista de Raül Romeva, eurodiputado de ICV, en el interesante blog A Word In Your Ear.

Por lo común, cuando se grita mucho las razones escasean. Y en estos días se grita más que nunca. Pero también hay argumentos. En algún libro y en estas mismas páginas he intentado mostrar la pobreza de los fundamentos teóricos de las políticas “normalizadoras”. Ahora, por debajo de la maraña retórica, aparecen nuevas razones, menos teóricas. Apelan a la realidad, la eficacia y los consensos. No está de más evaluarlas.

La primera invoca la realidad catalana, agredida en su identidad. Dilucidar identidades no es cosa sencilla, ni siquiera cuando se trata de individuos. En el caso de las comunidades, ni les cuento. En todo caso, cualquier idea de identidad tiene que atender a lo común o, en su defecto, mayoritario. Nunca a lo extravagante o singular. La identidad de mi familia no es mi primo alto y rubio. Y los datos, tampoco esta vez, cuadran con el relato nacionalista. Según la propia Generalitat, el 55% de los catalanes tenemos como lengua materna el castellano y el 31,6% el catalán. Relean: el castellano es la lengua común y ampliamente mayoritaria de los catalanes. Ahora la pregunta: ¿quién no respeta la identidad?

La segunda apunta a la eficacia pedagógica. Se nos dice que los niños catalanes, sin escolarizarse en castellano, tienen un dominio superior de la lengua común al resto de los españoles. Si así fuera, solo caben dos posibilidades: bien los catalanes somos un portento de la naturaleza, bien la escolarización en una lengua es contraproducente para su conocimiento. Como ninguna de las dos resulta plausible, hay que dudar de las fuentes. Y, en efecto, mirados de cerca, tampoco esta vez los datos abruman. Mejor dicho, es que no hay. Ahora sabemos, por boca de Joaquim Prats, exresponsable del informe PISA en Cataluña, que “el informe se hace en catalán, (y que) por tanto, no mide la comprensión lectora en castellano”. En realidad, los escasos datos disponibles no desmienten el sentido común y, entre catalanes, muestran el mayor fracaso escolar de los castellanoparlantes, los de menos recursos, por cierto. La única prueba concluyente es la que no se hace: exponer a todos los estudiantes españoles a las mismas exigencias de competencia lingüística. Al final, con tanto ruido, nos olvidamos de lo obvio: hablar una lengua no es dominarla. Todos, incluso los analfabetos, hablamos una lengua. En la escuela se busca otra cosa, lo que los especialistas llaman Cognitive Academic Language Proficiency, competencia para entender información nueva, ajena al contexto y con un cierto grado de abstracción. Eso solo se adquiere con la escolarización, como bien sabe el presidente de la Generalitat cuando elige un colegio trilingüe para sus hijos.

La tercera invoca la cohesión. Según parece, el bilingüismo dividiría a la sociedad catalana. Un argumento pobre. Si la enseñanza en una sola lengua es garantía de cohesión, habría que escolarizar solo en castellano, la lengua mayoritaria, común y, además, de muchos emigrantes y de los vecinos “españoles”. Además, la experiencia disponible no avala la tesis fratricida. Sin ir más lejos, Finlandia, el país con mejores resultados educativos en Europa, imparte la enseñanza en dos lenguas y no parece que esté al borde de la guerra civil. Finalmente, el argumento resulta impreciso porque equipara bilingüismo a separación por lenguas, cuando no es lo mismo un sistema en donde los alumnos permanecen juntos mientras reciben enseñanza de distintas materias en las dos (o tres) lenguas oficiales que otro de doble red, el de Finlandia, en el que las distintas escuelas imparten la enseñanza en las diferentes lenguas oficiales según la elección de los padres y aprenden la otra lengua como asignatura. Esos son los sistemas que podemos encontrar en Europa. Y en el mundo, incluido Quebec. En realidad, la anomalía planetaria es Cataluña. De modo que el argumento resulta inconsecuente, falso y, en el mejor de los casos, confuso. Puestos a decirlo todo, hasta dudo de su sinceridad, de la preocupación por la paz civil por parte del nacionalismo, cuando su objetivo político es levantar fronteras y su estrategia alentar la tensión entre conciudadanos.

El último argumento apela al consenso ciudadano. Su aval: casi todos los partidos defienden la inmersión. El argumento, obviamente, no sirve para defender la propia opinión, como hacen los socialistas. La afirmación “estoy de acuerdo porque todos estamos de acuerdo” se sostiene en el aire, esto es, en ninguna parte. Bastaría con que ellos cambiaran de opinión para que “el argumento” dejara de valer. Lo mejor en estos casos es preguntar a los ciudadanos directamente. Y asómbrense, las encuestas de la Generalitat, que preguntan sobre lo humano y lo divino, jamás han mostrado interés en saber qué prefieren los ciudadanos.

Quizá la explicación del descuido hay que buscarla en los resultados de las encuestas de CSIS que, mientras se hicieron, mostraban una clara preferencia por el bilingüismo. El único pie empírico en el que se sostiene la supuesta unanimidad es “la falta de demanda social”. Una falta de demanda que se entiende bastante bien al leer la respuesta del Departament d’Ensenyament a la pregunta de en qué consistía la (posible) enseñanza en español durante la etapa de primaria, recogida en el mejor libro que conozco sobre la experiencia catalana, Sumar y no restar. Ahí va: “El profesor imparte la clase en catalán y una vez acabada la lección, se acerca al alumno en cuestión y le repite en español lo que acaba de explicar en catalán. El alumno tiene derecho a hablar en español con el profesor y a realizar los exámenes en esta lengua, pero sus libros de texto deben estar escritos en catalán y él debe permanecer siempre en la clase con los demás alumnos”. Traducido: “a ver, el valiente, un paso al frente”. Calificar este procedimiento como humillación es quedarse corto. Segregación, tampoco alcanza.

Naturalmente, la obscenidad intelectual básica radica en relacionar derechos con “número de demandantes”. Con ese argumento los negros no habrían pisado las universidades norteamericanas. Seamos claros, el argumento relevante no se puede invocar. Es de uso interno. Lo expresó impecablemente hace tres años Bernat Joan, por entonces secretario de Política Lingüística, inquieto ante la sentencia del TC: “Podría crear un alud de gente que exigiese judicialmente la escolarización en castellano o que la Administración pública les atendiese en castellano” (El punt Avui, 23-8-2009). A Joan lo que en realidad le inquietaba eran los catalanes. Pero estas cosas no se dicen en Madrid. Bueno, el otro día sí, cuando Duran i Lleida confesó su desolación en el Parlamento porque “lamentablemente la lengua mayoritaria en el patio es el castellano”. A lo que se ve, los que estorbamos en la Cataluña de los nacionalistas somos los catalanes. Que queremos un poco de aire.

(El País, 20 Diciembre 2012)

Félix Ovejero Lucas es profesor de Ética y Economía de la Universidad de Barcelona.

Interpreting Martin Luther King

PUBLIC SPEAKING:

Let nothing happen by accident! Let everything happen by design!

The development of an ability to present not only information but an understanding of the image that is created by any presentation is essential in working with any audience. The presentation must use as many of the senses as possible to allow the audience to have a greater chance of first understanding and secondly retaining the information which you are going to present. Therefore there are two distinct areas to presenting to an audience.

The first is an understanding of the nature of creating an image and the second is being as sure as possible that the image that you are creating matches the aspirations and dreams of your clients. This means that everything that happens to your audience must be as far as possible designed by you and not left to accident. Indeed theatre is the most successful presenter of ideas and concepts. Theatre goes beyond giving information to people in purely written or verbal form but also employs a number of other devices to elicit a response from its audience. Here are some of the areas which should be considered in any presentation.

Analysis of the Audience

Before approaching the development of a presentation to an audience a speaker must analyse the audience to develop a profile of a typical member. It doesn’t matter if you are talking to one person or many, this allows the tuning of the whole piece to match the aspirations of the client. One way of analysing is to follow this SCHEPPT formula.

Social
How is this audience structured socially?
Who are the power brokers?
What do they aspire to?
What is important to them?
Education Level?

Cultural
What is the ethnicity of the group?
What are the customs for decision making?
What are the taboos?
What is culturally desirable?
Speech Pattern?

Economic
What is the average wealth and income?
What is the projected income?
Houses, cars, dress sense?

Politics
What are the local politics of the group?
Are they conservative, progressive, traditional?

Physical
What is the area they come from like?
Technical How do they cope with change?
How do they cope with technology?

The overall picture is important for your presentation to be accessible and enjoyable. It allows you to use humour which is acceptable and to tailor your language and conceptual base to suit your client. You can then go on to design how you are going to create the image which you desire for this audience.

The Performer

Every time you stand in front of a group of people you are creating an image and performing. An awareness of how you appear is essential to success. Initially the perception of you by the audience will be 55% on how you look, 38% on how you sound, and 8% on what you say. However as you begin to gain the audiences confidence, the look becomes less important and what you say becomes much greater.

Voice
Your voice then is extremely important. Here are six important parts of creating good speech:

  1. Tone: Use the sound of the word to help create its feeling (onomatopoeia) slash, thud, solemn, integrity.
  2. Tune: Normal Range is two and a half octaves. Use the essential tune of any phrase. Falling tune in ‘Ladies and Gentlemen …..’ gives authority. Use variety for each phrase or descriptive word to vary and contrast each thought. Let the tune help the image. “Up the hill”
  3. Pause: Use before something important to create attention. Like a billboard, gives punctuation. Lead up with a rising cautionary and then pause before a lower executive and then a pause before you go on. This gives the audience time to see the picture and for you to read the audience. eg: Churchill – trimmed, rhythm, use of pause and phrases “the Battle of Britain is about to begin.” “Hitler knows he will have to break us in this island”
  4. Pace: Gloss over unimportant things quicker Important things must be slower Variety is important. About 120 words per minute average.
  5. Volume: Variety: Invite people to listen by backing off volume Use of a microphone.
  6. Clarity: Lips, Tongue, Teeth, Breathing, Vocal Chords. Lazy Speech, (Somethink, Nothink, Haitch) Dipthongs (Wide, Side, etc.)

Movement
Movement should reflect the statement. Use triangles. Make movements encompass all the audience. Gestures should match phrases in size, direction, length and speed. Control your Body Language- fidgeting, walking, getting up from a chair, stance, nervous reactions. (O.K., Scratch etc.) When to look at audience. T-T-Timing!

Mime
Paint pictures for people that they understand. Use mime to create not only an image but also a feeling. Your face says as much as your words about attitude. Use a range of facial expressions. Push yourself past ‘normal’ gesture. Use your body to highlight ideas. Part of Total package

Characterisation
Be careful about putting yourself “on the line.” Create a character which you can control, hide behind and stay objective. Uncontrolled emotional reaction is dangerous. Smile. Maintain eye contact, look around your audience.

Attitude
Positivity
Intensity
Enthusiasm
Emotion
Energy
Personal Presentation

Costume
Costume should reflect what you’re talking about. Costume should initially help audience to create an image initially. Using costume to put together ideas. Your dress says a lot about your attitude to life. Costume can often help to add something different to your performance. Think about style, colour (conservative or other).

Hair
Style, Neatness, Length, Colour. Facial hair (shadow). Other eg. Nose and ear.

Teeth
Straight
White

Make-up
Importance of eyes and mouth. Distance is important (10 metres limit). Base to remove skin blemishes and shine. Be aware of lighting. Be careful of street makeup.

Technical

Staging
Audience view Left to Right, Front to Back, Down to Up.
Entrances and exits.
Levels of audience and speaker. Above, Below, Level.
Stage locations.

Lighting
Colour, Intensity, Direction, Type.
Audience.
Highlight therefore control view.
Change to help idea.
Atmosphere control by lighting.
Sun location.

Sound
Use of sound before to set mood before or after.
Microphone levels (bounce from walls).
Mics offer variety.
Low bass high treble.
Microphone legs.
Microphone technique (popping, Height, Type). Hand held elbow lock.

Scenery
Setting of stage.
Using a lectern or behind table.
Use scenery to highlight ideas. eg. Photos, Posters but watch control.
Colour of scenery as per other decisions eg. Costume.
Interesting scenery, Paintings, Roadways, Aeroplanes.
Use of curtains.
Slides and overheads (KISS) and practise timing.
Paint their picture. (Eg Retirement home)

Props
Hand props to tell the story.
Create the Character.
Symbolise your idea. (Puppetry).

Auditorium
Heating or cooling.
Entrances for you and for audience.
Time for entry for you and for audience.
Floor Type.
Size
Staging available

Tips

Things that stop people performing well:

Lack of subject knowledge.
Self Consciousness
Fear of mistakes
Appearance
Sound of their voice
Movement
Bad previous experience
Lack of knowledge of technical equipment
Size of the audience
Unfamiliar surroundings

Ways to Present Well: Well Before
Write the date down.
Arrive early or visit before planning (photo of venue).
Ask where to park.
Take an umbrella.
Check about technical equipment. (Mic, lights, lectern, etc.).
Write out your introduction in full, double spaced and large type.
Number your cards.
Write speech triple spaced in phrases in bold type.
Practise with your video.

Ways to Present Well: Just Before
Move your seat out.
Plan route to stage.
Toilet.
Hair.
Clothes.
Don’t look until you’re ready.

Ways to Present Well: After
Finish and move.
Don’t peter to a finish, upward inflection.
Don’t spoil by long thank you.
Move off quickly and be invited back for questions.

Robert Motton

La política lingüística como base de la independencia

Lengua y corrección política

Hace tan sólo dos días Miquel Roca Junyent publicó en estas mismas páginas un estupendo artículo en el que ponía de relieve el miedo a manifestarse públicamente en contra o al margen de lo políticamente correcto. Y añadía: “Mucha gente dice en privado lo que no se atreve a decir en público. Es más, mucha gente dice en público lo contrario de lo que dice en privado”. Si ello es cierto, en general, respecto a muchas materias, en Cataluña es especialmente exacto en un campo particular: en la política lingüística.

En efecto, el debate sobre esta materia está estrictamente delimitado: sólo se aceptan las voces que exigen una mayor imposición del catalán y se descalifica con todo tipo de improperios a quien se atreve a discrepar en sentido contrario. Ello genera un clima de temor generalizado que permite a las autoridades ir tomando medidas sin que en la opinión pública tenga lugar, previamente, discusión alguna. En todo caso, lo políticamente correcto consiste en decir que hay un gran acuerdo social en esta materia y que las críticas no son otra cosa que intentos de crear problemas donde no los hay. Ciertamente, alguna razón hay en ello pero, como solía decir un amigo mío respecto a otras cuestiones, la razón que hay es poca y, además, no es aplicable a este caso.

En efecto, la convivencia en nuestra sociedad entre personas que preferentemente hablan en castellano y las que lo hacen en catalán es modélica. Puede haber algunos casos de intolerancia, tanto por una como por otra parte, pero se trata de raras excepciones que no hacen otra cosa que confirmar la regla. En una tienda, un bar o una oficina pública, unos hablan con total libertad en catalán y otros responden con la misma libertad en castellano, o viceversa, y nadie se enfada, como es natural y propio de personas civilizadas y bien educadas. Todo ello viene facilitado por el hecho de que se trata de dos lenguas muy parecidas cuyo conocimiento es común a la mayoría de los ciudadanos: un reciente estudio muestra que en la región metropolitana de Barcelona el 90% de los ciudadanos entienden y hablan catalán y castellano. Por tanto, en la sociedad, es decir, en las relaciones entre ciudadanos particulares, el bilingüismo es usual.

Otra cosa, sin embargo, sucede en la esfera pública, en las relaciones entre poderes públicos y ciudadanos. Alegando el hecho cierto de que el catalán es una lengua minoritaria en el mundo y que el castellano es todo lo contrario, en Cataluña se fue creando en tiempos de CiU una legislación y una práctica en las instituciones políticas que casi ha eliminado el castellano de la vida pública, incluida la enseñanza primaria y secundaria. Con el nuevo gobierno tripartito, la política lingüística anterior de imposición del catalán en la esfera pública no se ha modificado y, además, se comienza a regular el comportamiento lingüístico de los ciudadanos en el ámbito privado: en especial, en las actividades empresariales y en las relaciones entre comerciantes y consumidores. Veamos.

Por un lado, a fines de año se promulgó un decreto en el que se exige a los proveedores de la Generalitat – los cuales facturarán este año 8.550 millones de euros, cerca de un billón y medio de pesetas – a etiquetar en catalán. Por el otro, en el proyecto de nuevo estatuto que elabora la ponencia parlamentaria, parece que hay acuerdo en obligar a etiquetar en catalán todos los productos no sólo fabricados sino también distribuidos en Cataluña.

Analizar la racionalidad de estas medidas nos llevaría a hacer consideraciones de distinto género: desde la legitimidad de los poderes públicos para regular ciertos ámbitos privados hasta el coste económico de tales medidas y la repercusión que ello tendría en la economía catalana y, por tanto, en el empleo y en el bienestar de los ciudadanos, pasando por la compatibilidad de todo ello con un mundo diverso y globalizado. ¿Deberá exigir un importador de productos de Extremo Oriente que éstos ya vengan etiquetados en catalán o una vez ya importados deberá efectuar los gastos adicionales correspondientes para cumplir con la normativa de la Generalitat? ¿Cómo repercutirá todo ello en el coste de la vida y en el ya excesivo diferencial de inflación de Cataluña respecto al resto de España? Más allá de los dogmas fundamentalistas identitarios, a estas preguntas deberían responder nuestros políticos si los controladores de la corrección política no lo impidieran.

Con todo ello, quizás estamos construyendo una sociedad que tiende a una cierta esquizofrenia: a un lado, los ciudadanos en sus relaciones lingüísticas privadas solucionan fácilmente y con naturalidad sus problemas de comunicación mediante el libre acuerdo; y, al otro lado, los poderes públicos están creando un sistema legal para que no sólo en la vida pública sino también, cada vez más, en las actividades privadas, se actúe de una manera muy distinta. ¿No hay algo de irrazonable en todo ello? Sobre todo si tenemos en cuenta que cada año aparecen datos estadísticos que muestran cómo decrece el uso social del catalán. ¿No será que la tendencia a imponer coactivamente una lengua es equivocada y resultaría mucho más provechoso para la salud del catalán dejar que aquello que es real en la calle – es decir, la libre opción lingüística – lo fuera también en las instituciones y en la normativa sobre el uso de la lengua?

Pero de todo ésto no se habla en público: la corrección política catalana lo impide.

Francesc de Carreras

Catedrático de Derecho Constitucional de la UAB

(La Vanguardia, 20-I-2005)

Poder aprender

Test Aptitude: Fiche Profil STAGE SCIC

La buena selección es una de las claves del éxito en la formación en interpretación. No resulta un ejercicio fácil: muchos alumnos presentan un potencial lingüístico sólido, un bagaje cultural extenso o la madurez aparentemente necesaria para cursar estos estudios sin problemas pero, aún así, resulta difícil saber si esos alumnos podrán aguantar la presión de una formación intensa y exigente. Algunos formadores establecen paralelismos entre la formación en interpretación y la preparación de los deportistas de élite quienes, además de tener talento, tienen que poder aprender de sus errores en lugar de buscar excusas para fallar. La clave está en poder aprender.

El psicólogo Pep Marí habla de todo esto en su libro Aprender de los campeones. Os copio a continuación un extracto de su reciente entrevista en La Vanguardia como lectura adicional a mi vídeo L´étudiant idéal.

ENTREVISTA:

- ¿Cómo surgió la idea de publicar el libro ‘Aprender de los campeones’?
- Llevo trabajando 23 años como psicólogo en el Centro de Alto Rendimiento y los principios que regulan el alto rendimiento son los mismos que en cualquier actividad, ya sea deportiva o del tipo que sea. Para ser el mejor cirujano, periodista o psicólogo tienes que hacer lo mismo que para ser el mejor futbolista.

- ¿Cuáles son estos principios?
- En el libro los represento a través de una pirámide en cuatro niveles. El primero, y es lo que tienen en común los campeones, es que pueden aprender. Son personas que se acompañan de un entorno inmediato que no resta en su rendimiento. Si tú eres inestable viviendo no puedes ser regular rindiendo. En segundo lugar, no sólo pueden aprender sino que también quieren aprender. La motivación. Tienen muy claro los objetivos y lo más importante es que se dejan la piel para conseguirlo.

-¿Cuál sería el tercer nivel?
-  Los campeones saben aprender: reconocen los errores como propios y no buscan excusas, y los corrigen rápidamente. Un entrenador me dijo que hay dos clases de deportistas,
aquellos que buscan una excusa para poder fallar y aquellos que buscan una solución para poder acertar. Los que buscan excusas no son campeones. Los perdedores se quejan, los ganadores aprenden. Un campeón puede, quiere y sabe aprender pero falta una cosa.

-¿El qué?
- La puesta en escena, es decir, saber competir, rendir bajo presión, controlar los nervios, mantener la concentración y tener confianza en tus posibilidades. Está muy bien esforzarse pero no hay suficiente, hay que saber rendir. La cultura del esfuerzo más la de la eficacia es éxito asegurado. Además de saber rendir y esforzarse en el libro también da mucha importancia al talento.

  • ¿Se puede ser un campeón sin talento?
    - Te pondré un ejemplo con los jugadores Messi y Pedro. ¿Cómo es que Messi hace unas cosas que Pedro no hace? Podríamos caer en la tentación de decir que Messi tiene una técnica tan depurada que le permite hacer cosas que Pedro no puede hacer. Yo lo encuentro erróneo. Pedro tiene una técnica muy depurada, es buenísimo técnicamente y las cosas que hace Messi él también las podría hacer. Técnicamente está dotado para hacerlas, ¿pero por qué no las hace? Porque no se imagina que las podría hacer o como mínimo no se lo imagina tan rápido como Messi ya que si te lo imaginas más lento que tu defensor te quita el balón y ya no lo puedes hacer. Por eso digo que para mí el talento es imaginar rápido.

- Entonces el talento es imprescindible, ¿o no?
- El talento es imprescindible para conseguir el alto rendimiento pero no es suficiente. El entrenador de Los Lakers Phil Jackson dice que el carácter es más importante que el talento. Estoy totalmente de acuerdo porque el carácter es el que permite que el talento surja, se desarrolle y se materialice. Veo deportistas con un talento brutal que no han sido capaces de cuajar su talento y demostrarlo porque no tenían humildad, autocrítica, autonomía, persistencia en el esfuerzo, no vivían de una manera compatible con el alto rendimiento, y por culpa de este carácter no han podido manifestar su talento.

- Hablando de entrenadores, ahora que comentaba Phil Jackson, ¿para usted cuáles han sido las claves del éxito de Pep Guardiola?
-  Principalmente dos claves. La primera es la gestión de las personas. Es un gran gestor de personas y ser el líder de un equipo implica tratar a todo el mundo diferente en función de lo que necesita, no de lo que pide. A diferencia de Frank Rijkaard, que trataba a todo el mundo diferente pero en función de lo que pedían los jugadores y no de lo que necesitaban. Tú tienes que ser suficiente psicólogo para ver qué necesitan las personas en cada momento. Guardiola también ha conseguido algo muy difícil que es hacer entender al resto del colectivo de personas que aquel trato diferencial que le haces a aquel individuo en particular no sólo es lo mejor para ese individuo sino que también es lo mejor para el resto del equipo. En esto, Guardiola es un genio.

-¿Y la segunda clave?
- Está relacionada con el nivel de competir. Guardiola es un experto ajustando el nivel de alerta de sus jugadores antes de los partidos. Si los jugadores salen al campo muy nerviosos o tensionados cometerán muchos errores por precipitación pero si salen relajados se les anticiparán en las acciones o no llegarán. Hace falta salir al campo con el nivel justo de alerta, ni mucho ni poco, para cada partido.

- Podemos decir que Guardiola tiene mucha psicología deportiva…
- En este sentido soy bastante crítico. Una de las cosas que me permite mi profesión es trabajar con muchos entrenadores. Yo no creo que sea un genio aplicando la psicología, lo que pasa es que tiene mucho sentido común. Guardiola es un catedrático del sentido común y en un mundo donde hay tan poco sobresale mucho. Conozco a entrenadores que hacen servir la psicología y la integran tan bien como Guardiola pero nadie los conoce  porque son deportes minoritarios y no son tan mediáticos.

- Sin dejar el Barça, ¿cómo se explica que jugadores que lo han ganado todo sigan sin perder la motivación y las ganas de ganar?
- A la mayoría de los humanos ya nos fallaría la motivación. En este caso, no hay más remedio que trascender. Es decir, darle otro sentido a las cosas, un sentido que va más allá del objetivo real. El Barça no sólo juega para ganar sino también para ser un referente y un ejemplo para la sociedad. Y, por otro lado, estos jugadores quieren marcar una época, quieren pasar a la historia como el mejor equipo. Si no la ‘lían’ de esta manera tan grande faltan motivaciones porque un objetivo conseguido deja de serlo y cada vez tienes que fijar un objetivo superior que te haga más ilusión que el anterior. No queda más remedio que trascender.

-En este punto de trascendencia encontraríamos a Messi. Parece que este jugador no tiene límites a pesar de su juventud…
- Cuando vino a Barcelona de pequeño lo hizo con su padre y parte de su entorno le ha dado un punto de soporte para tener los pies en la tierra, eso ha sido muy importante. Y en la parte deportiva otra clave es el equipo. La prueba la tienes en la selección argentina, no es capaz de rendir al mismo nivel porque los valores que ha hecho servir Guardiola para crear este equipo, como la solidaridad, el sentido común, la discreción o la persistencia son valores que definen la personalidad de Messi y él se identifica con estos valores. El Barça también se identifica con Messi. Existe esta comunión tan clara e identitaria y a Messi le es más fácil asumir el rol que tiene en el Barça.

- Guardiola en más de una ocasión ha manifestado que es partidario de contratos cortos, ¿pero este Barça se entiende sin Guardiola?
- Cuando el entrenador Phil Jackson llega al baloncesto profesional dice que los jugadores son muy egoístas, y piensa cómo pueden ser tan egoístas y jugar a un deporte en equipo. Yo siempre digo que en los deportes individuales para triunfar tienes que ser un poco egoísta pero para ser un buen deportista de un deporte colectivo tienes que ser generoso. Tienes que saber anteponer el bien colectivo al tuyo particular, y eso es muy fácil de decir pero muy difícil de hacer. 

- ¿Y cómo se consigue eso?
- Phil Jackson para arreglarlo propone apelar a una fuerza más grande y gratificante que el propio ego: la belleza del sistema. Se ha llegado a un punto que jugar en el Barça debe ser una pasada, tanto que está por encima del bien individual. Conocí a un entrenador que decía que cuando se juega para el equipo se juega mejor y se disfruta más. Esto es verdad. Cuando hay esta sintonía de equipo y ya se ha creado este sistema de juego, que casi va solo y ya da igual que jugador pongas en esa posición en el campo, funciona y además luce. Phil Jackson comenta que eres un líder cuando eres capaz de hacer mejor a los que tienes a tu lado. En el Barça está pasando esto, va solo, incluso ya no depende de quien juega y me atrevería a decir ni del entrenador, si ahora pones otro entrenador creo que la dinámica arrastraría.

- ¿Y todo esto se puede extrapolar más allá del ámbito deportivo?
- En una de las fórmulas del libro explico que si juntas la ambición, el orden en el estilo de vida y la humildad, esto asegura la progresión a nivel deportivo y de lo que sea.

- En el libro también hace referencia a la presión, algo ineludible para los deportistas de alto nivel. ¿Cómo se puede hacer frente a ella para rendir más?
- La presión se puede aprender a llevarla mejor. Hay varias maneras de afrontarla. La primera es evitarla, ésta es la peor de todas. Si tú tienes un problema y lo evades se hace cada vez más grande, y no estás aprendiendo nada. La segunda manera es controlándola, ajustando muy bien el nivel de activación para jugar. La tercera manera es tolerar la presión, saber que forma parte de la competición y tarde o temprano vendrá. Se trata de que la dejes pasar, que no te rebotes, que hagas lo mismo que harías a pesar de que no estuviera. Para ello utilizo la frase de un actor, John Wayne, que da título a uno de los capítulos de libro: “Ser un valiente es estar muerto de miedo y a pesar de eso subir al caballo”.

- Interesante frase…
-  Todo el mundo tiene miedo y lo que se trata es subir al caballo. Y hay dos clases, los que suben y los que no. Y la última y mejor manera de afrontar la ansiedad es disfrutar bajo presión. Los mejores lo hacen. 

- En su trabajo en el CAR y por su experiencia durante estos años, ¿cuáles son las principales consultas que atiende de los deportistas?
- Básicamente son tres consultas. La primera está relacionada con no saber competir. Deportistas que entrenan de una forma perfecta pero llega el momento de la competición y los nervios les pueden. Otra consulta es cuando los deportistas nuevos se integran al CAR y su estilo de vida cambia radicalmente. La mayoría son deportistas que nunca habían salido de casa y se tienen que espabilar. Les cuesta adaptarse, no quiere decir que no se adapten sino que les cuesta, y son demandas que van en la línea de facilitar la adaptación. Y para acabar problemas de orden personal. Son personas antes que deportistas. Cuando pasan estas cosas evidentemente afecta el rendimiento.

- ¿Y a partir de que edad se tendría que trabajar aspectos psicológicos con el deportista?
- Desde el principio se puede empezar a trabajar. En el CAR la edad mínima para estar interno es a partir de los 14 años. Aunque no es tanto la edad sino el grado de autonomía, madurez y la claridad de los objetivos del deportista. Una de las cosas positivas de la psicología es que hace el vestido a medida.

- Para acabar la entrevista, ¿algún consejo para los deportistas que empiezan?
- Les digo que no se precipiten y que tengan coherencia entre el nivel de ambición de los objetivos y el compromiso de los medios. Si quieres ser uno más con que te impliques un poco ya lo tienes, si quieres ser uno de los mejores te tienes que comprometer, y si quieres ser el mejor tienes que vivir de una manera. Para ser uno más no hace falta incorporar un psicólogo, para ser unos de los mejores lo recomiendo, y para ser el mejor es imprescindible.

Interpreter’s mid-career crisis

In order that people may be happy in their work, these three things are needed: they must be fit for it; they must not do too much of it; and they must have a sense of success in it.”

John Ruskin

How do work patterns affect us?

Jobs often used to be for the best part of someone’s working life. They provided security, stability and structure. However, people can now expect many changes in the course of their working lives. These may include changing employer, re-training, periods of unemployment, and even complete changes of occupation. More and more, people have short or fixed-term contracts, or work on a self-employed basis, and have career breaks. Individuals usually have to construct their own career paths, which can lead to uncertainty about the future, as well as unrealistic workloads for some and no work for others. And while it’s possible to embrace an alternative point of view, and thrive without paid employment, unemployment generally leads to poor physical health, poor mental health and poverty.

So being in paid employment is generally considered to be a good thing. It is no longer just a way of earning a living: it provides identity, contact and friendship with other people, a way of putting structure in your life and an opportunity to meet goals and to contribute.

Having said that, work stress is now more of an issue than ever: every year, millions of work days are lost because people experience illnesses caused or made worse by their work.

The Health and Safety Executive defines stress as ‘The adverse reaction people have to excessive pressure or other types of demand placed on them.’

Some of the symptoms of stress are:

  • physical – fatigue, indigestion, headaches, appetite and weight changes, joint and back pain
  • psychological – anxiety, tearfulness, feeling low, mood changes, indecision, loss of motivation, increased sensitivity
  • behavioural – increased smoking and drinking, withdrawal or aggression, lateness, recklessness.

What causes stress at work?

The job

Job demands that can lead to stress include: having too much or too little to do; work that is too difficult or too easy; being under pressure to meet deadlines; shift work; and physically demanding work. People doing repetitive tasks, at a high pace, with little freedom to take decisions are especially at risk. Lack of control over the pace of the work or how to get the job done is one of the most common causes of work-related stress.

Poor working conditions, such as noise or bad lighting, poorly designed equipment, exposure to hazards or witnessing other people’s suffering are all sources of stress. People who are simply in the wrong job for their skills, abilities and expectations are also likely to experience stress.

Your role in the organisation

Problems can occur if people aren’t clear about the scope or responsibilities of their job. Conflicting demands make them feel very torn; for example, the demands of quantity versus quality, or quantity versus safety, or being expected to do things against their beliefs or personal and professional standards. This is made worse if there is a lack of managerial or supervisory support. In turn, managers and supervisors can find that the responsibility to provide this support conflicts with other goals expected of them by the organisation; or they may not receive the training to enable them to offer effective support.

Career development

Feeling trapped in a dead-end job, or insecure, is also very undermining. This may be because there are only limited opportunities for promotion and training, a threat of redundancy through organisational restructuring, or because you are working on a fixed-term contract.

Relationships at work

The relationships we have with our colleagues, can have an enormous effect on the quality of our working life, and can be significant sources of stress or support. Supportive relationships can give protection against other workplace pressures; stressful relationships can intensify them.

Working in isolation from others makes it more difficult to build supportive relationships; for example, for people who work at home or run their own small businesses. But isolation isn’t only physical – it may include being the only man or woman or person of an ethnic minority in a workplace.

Bullying is a major source of stress and is very destructive, to the person being subjected to it and to the organisation itself.

Organisational structures and culture

The operating style or ‘culture’ of an organisation may cause problems. It may include lack of communication, consultation or participation in decision making, and unjustified restrictions on behaviour. If there are no policies in place to cover these matters, there will be no clear standards for the behaviour that is expected, and no system for individuals to challenge racism, sexism or other discrimination or harassment. This promotes the attitude that people should just deal with it on their own. An organisation that runs on fear, or interprets stress as individuals not coping, will simply generate more stress.

Personal factors

What we bring with us to work can also contribute to stress. This may be the conflicting demands of managing home and work life; personal crises, such as illness or bereavement; financial worries; or the psychological factors that can drive us to unhealthy working patterns.

One common pattern is when a person works harder and harder to close the gap between what they are achieving, and what they think they should be achieving. They stop taking breaks, lose touch with their own needs and sense of enjoyment, and feel guilty when they are not working. Working harder brings exhaustion, their performance deteriorates, and they become more and more anxious, because they aren’t making real progress. It leads to loss of energy, emotional exhaustion, poor sleep, indecisiveness, and sometimes increased drinking, smoking, eating or spending. The person ends up feeling trapped, and can become depressed.

How can I tackle stress?

Preventing stress means achieving a balance between demands and the capacity to respond to them. Learn to recognise what you find stressful in the work environment and what helps you work well. Taking action, however small, can improve your life at work and stop you feeling trapped or the victim of people’s demands. You may be free to do some things without reference to anyone else, but some things you will need to negotiate, formally or informally, with colleagues or managers. However, there are many things employees can do for themselves.

Taking control

  • Develop good relationships with colleagues so that you can build up a network of support.
  • Talk to someone you trust, at work or outside, about what upsets you or makes you feel stressed. This is not a sign of weakness, it’s taking responsibility for your wellbeing.
  • Treat colleagues with the respect and consideration you want from them.
  • Communicate if you need help.
  • Be assertive – say no if you can’t take on extra demands.
  • Be realistic – you don’t have to be perfect all the time.
  • Write a list of what needs to be done; it only takes a few minutes and can help you to prioritise, focus and get things in perspective. It can also feel satisfying to tick items off once they have been done.
  • If everything starts to feel overwhelming, take a deep breath. Try and get away from your desk or situation for a few minutes – get a drink or go to the toilet.
  • Try and take a walk or get some fresh air during the day – exercise and daylight are beneficial to mental as well as physical health.
  • Make sure you drink enough water and that you eat during the day to maintain your energy levels.
  • Learn some relaxation techniques.
  • Work regular hours and take the breaks and holidays you’re entitled to. If things are getting too much, book a day off or a long weekend.
  • Try not to work long hours or take work home with you. This may be all right in the short term, if the work has a specific purpose and is clearly defined – a team effort to complete an urgent project may be very satisfying – however, working longer hours does not generally lead to better results.
  • Maintain a healthy work-life balance – nurture your outside relationships, interests, and the abilities your job does not use.

Preventing stress with the help of your employer

  • Make your physical work environment as comfortable to work in and appropriate to your needs as you can. If necessary, enlist the help of a health and safety officer.
  • Discuss your workload, or the organisation of your work with your manager or supervisor. Get feedback on your work, and discuss setting realistic targets and how you can solve any problems you are having. If you can’t resolve problems in this way, talk to the human resources department or trade union representative.
  • Ask how your goals fit in with the organisation’s overall aims and objectives so that you can see a real purpose to your work.
  • Discuss the possibility of flexitime (flexible working hours), if, for example, you have difficulty with rush-hour travel, or need to leave work early some days to get to a support group or fit in with child care.
  • Make use of the support already on offer: some organisations provide employee assistance programmes providing free advice and counselling; others have internal systems such as co-worker support.

Organisational culture

  • Be aware of any policies on harassment, bullying or racism, so that you know what behaviour the company considers unacceptable, how to challenge it and what support there is.
  • If stress, work overload, bullying or poor communication are issues for you, they are probably issues for others in the organisation as well. Sharing your concerns with those you trust could lead to more of a joint effort to get your employer to introduce changes; for example, better consultation within the organisation, an anti-bullying policy, a commitment to tackling stress through health and safety policies, or an investment in staff support.
  • If you are aware of bad practice in the organisation (for example, financial corruption or abusive behaviour towards clients or staff) find a way of speaking out about it. Do protect your own position though, and get advice, for example, from the union, employee assistance programme (if your organisation has one) or Public Concern at Work .

Career development: staying or moving on

  • Make the most of any opportunities for training and development offered by your employer.
  • Keep your CV up to date, and plan for the future. It’s worth thinking about your career path, whatever your situation, so that you can be positive about staying or moving on.
  • Use careers counselling or similar expertise if you feel stuck, bored, want a change of direction, or feel your job is doing you harm and you don’t know what you want to do. A crisis can force a change of direction, though it’s probably not a good idea to make major life-decisions when you are in the middle of one. Look at the options, when you are able, so you can act when the time is right.
  • Use whatever counselling or support is available, if you are facing redundancy or retirement.

What if I do become distressed at work?

Anyone can become upset and reveal to their workmates that they are human. People who use mental health services may have particular need for a safe space to express feelings. If someone is going through a mental health crisis or breakdown, whether or not it’s caused by work stress, it will be experienced in their working life.

If you can learn to identify what triggers your stress, this will make it a lot easier to find the right coping strategy. If you do get distressed, keep a diary of what happened, how you felt and how you reacted, so that you can cope better the next time the same type of situation arises; or indeed to learn to avoid that type of situation if at all possible.

Ways of coping

  • A brief time-out period when you are distressed could restore you and allow you to continue working.
  • You may need a quiet place away from colleagues and client to shout or cry.
  • You may prefer someone to be with you to help calm you down or just listen.
  • You could learn specific therapeutic techniques using breathing or meditation, or exercises that improve your energy.

These are just some examples, and it may take a few tries at finding what works for you. But once you know what you are likely to need, you may be able to make or negotiate with your employer, in advance, the conditions that will allow you to help yourself feel better and get back to working.

Getting help

If you are worried about your mental health, or other people are expressing concerns, you may want to get professional help. This is not giving in, it’s taking action. If you work for a large organisation, they may have an occupational health service. Someone in the workplace is not only easier to access, but has the advantage of understanding the organisation and being a potential ally in dealing with your supervisor. However, if you do not feel secure enough in your job to approach them, or there is no service available, you may want to talk to your GP or a counsellor. You may need time off work; and sickness absence with mental health problems is just as valid as that for any physical health problems.

Making adjustments to how you work

Many of the adjustments that can help with mental health are things you might expect an employer to adopt as a matter of ordinary good practice; some you may be able to organise for yourself; others would require action, or at least agreement, on the part of the employer. The key to negotiation with the employer is to think creatively about what will enable you to do your job effectively. Here are some examples:

  • using voice-mail to take messages (without slowing down the overall response time) if phone calls make you anxious
  • a quiet workspace to avoid distractions and aid concentration, or being able to work from home
  • changing your supervisor, if another would be more flexible
  • restructuring a job or temporarily reallocating some of the duties (for example, ‘front-line’ work)
  • using email when face-to-face contact is too stressful
  • flexible hours to accommodate therapy, medical appointments, rush-hour pressures or the morning drowsiness associated with some medicines
  • on-the-job support, or permission for a support worker to come in or to be contacted during work hours
  • permission to take time out when distressed: this could just be a few minutes away from your workstation, going out for some air, or having a short rest
  • a workstation by a window, or a lightbox, if you have seasonal affective disorder.

You are probably the best judge of what would be most successful for you. If you want to think through some of the possibilities with another person, before negotiating with your employer, or have someone to back up your request, you could speak with someone involved with your care or treatment, a local supported employment organisation, or with a disability employment adviser who are part of Jobcentre Plus. DEAs can give you advice and carry out an employment assessment to find out what assistance you may need. Via the Access to Work scheme, they may be able to help you get funding for changes to premises, equipment, personal support or assistance, or help with extra costs of getting to work.

Should I tell my employer if I have a mental illness?

Some people say you should be open about mental illness. Others advise against it, where there is a choice. Some recommend waiting until the employer has formed an impression of you based on your abilities and character, not on their preconceptions. Some companies have positive policies on disability and equality at work, which ought to mean that being open about your mental health is less of a risk.

An employer only has to make adjustments for needs that they know about. Therefore, if you want the protection of the Equality Act, or simply want your employer to understand your needs, you will have to make sure that someone in a responsible position knows what they are. This could be your manager or the human resources (personnel) department.

If you do decide to tell, think about how and when to do it, how much information you want to give, what kind of information, and who to share it with. For example, the human resources department may know your diagnosis, but they don’t have to tell your supervisor or workmates.

You don’t have to go into personal details; focus on what you need for the job. Employers’ concerns tend to arise out of assumptions about poor work performance. They want to know if you can do the job and will get along with the customers or clients and the rest of the team. If you can show that your objective is to get the job done, this should go a long way to reassuring them. Being straightforward and unembarrassed about your history will help them get it in to perspective.

The potential risks of disclosing something about your mental health history include:

  • not getting the job
  • being teased or harassed by other employees
  • being assumed to be a less productive member of the team
  • having fewer opportunities for career development
  • being treated as more vulnerable than other employees, or having everything (anger, excitement, time off sick, or a grievance) associated with your mental illness
  • coming under closer scrutiny than other employees, and having to work harder to gain the same respect.

The potential benefits of disclosure are:

  • being open about it can encourage others in the same situation
  • keeping it secret may be too stressful, or against your beliefs
  • it gives you a stronger basis for requesting adjustments to your job or work environment
  • it could give you the opportunity to involve an outside adviser or support worker, who could see you at work or speak directly with your employer
  • it could make it easier to go into work at times when your symptoms are greater
  • it enables you to enlist the support of colleagues.

Source: http://www.mind.org.uk/

Ana ALVARGONZÁLEZ: Versión Original

La mejor forma de acompañar este fantástico vídeo a mi amiga Ana es la entrevista que os copio a continuación publicada en la Contra de la La Vanguardia a Augusto M. Torres.

“Subvencionar los doblajes es subvencionar la ignorancia”

Ojalá los gobiernos aprovechen los tristes recortes presupuestarios para dejar de subvencionar doblajes al español y al catalán.

¿No son un medio para preservar nuestras lenguas?
Los gestores del cine y la tele catalanas han copiado de los españoles el nefasto doblaje, que implantó Franco en nuestro cine, siguiendo a Hitler y Mussolini. El doblaje no enriquece nuestras lenguas, al contrario, priva a los actores del derecho a mostrar su oficio con su propia voz.

Por ejemplo.
¡Richard Burton!… Alan Ladd, Victor Mature… ¡Por Dios: todos los actores! Todos merecen que reconozcamos su arte en la voz.

Pero tenemos excelentes dobladores.
No los juzgo. Digo que el doblaje nos priva también a nosotros de disfrutar de la voz de los actores. El doblaje es una mala farsa.

¿Por qué seguimos doblando después de Franco?
Porque el doblaje, como toda práctica monolingüe, fomenta nuestra innata tendencia a la comodidad. Es más cómodo no tener que leer subtítulos. A cambio, nos priva a nosotros y nuestros jóvenes de la posibilidad de aprender lenguas como el inglés. Y además perjudica a nuestro cine. Los subtítulos reforzarían también la ortografía.

Tampoco sobra el refuerzo.
Que dediquen pues los fondos que hoy subvencionan los doblajes al catalán a producir cine catalán en catalán. ¡Eso sí que es invertir en la cultura de un país! Cada céntimo de euro que se invierte en cultura retorna al contribuyente multiplicado por diez: no sólo en dinero, sino en marca y prestigio.

Toda subvención hoy es sospechosa.
Vicky, Cristina, Barcelona, por ejemplo…

Película desigual para muchos.
Curioso: en Barcelona tiene mala crítica, en Madrid menos, pero en Francia, que se apresuró a imitar la fórmula, ya fue buena y en otros países lejanos, excelente.

¿Fue dinero público bien invertido?
Cada céntimo –empezando por los que hicieron que llevara Barcelona en el título– ha retornado a esta ciudad en hoteles, taxis y tasas de todo tipo: la película ha animado a miles de visitantes a venir a Barcelona.

Un buen filme no necesita subvenciones.
¿Ah, no? Pues fíjese en Hollywood: la mayor industria fílmica del planeta es de las más subvencionadas. Goza de un trato fiscal deferente que envidian las demás industrias. Porque Washington es consciente de que su cine abre la puerta a sus exportaciones y propaga su modo de vida, que al ser imitado, venderá sus productos en el futuro.

Con todo lo bueno y lo malo.
El tabaco, por ejemplo, llegó a España de América dos veces: primero con Colón, pero sobre todo con Humphrey Bogart.

Y después también se lo llevó el cine.
América dejó de fumar empezando por su cine y nosotros, después siguiendo a su cine. Recuerdo en el mayor estanco de Madrid tres fotos –una de Bogart– de tres actores americanos fumando: los tres murieron de cáncer de pulmón. Y también fue Hollywood quien nos llevó al piso en propiedad.

Creía que había sido cosa del franquismo.
Vivíamos tan ricamente en alquiler hasta que las películas americanas empezaron a mostrar gente feliz en su casita comprada.

Con garaje, piscina y jardín.
Cuando aquí el rico prefería la casa más grande, pero en el centro del pueblo. Fíjese si EE.UU. tenía claro que llegaría a su imperio por el cine que, tras ocupar Italia en 1943, una de las cláusulas secretas que impuso a Roma fue obligarle a volver a exhibir todas las películas de Hollywood que habían sido prohibidas por Mussolini.

Algunas eran buenas y otras menos.
El cine español no es peor que el de Hollywood. Y el catalán siempre ha sido –como el teatro– más arriesgado estéticamente y más sofisticado y exigente que el madrileño.

Pues hoy está casi todo en Madrid.
La industria del cine madrileña, salvo meritorias excepciones y algunos genios, ha preferido apostar por la ganancia a corto plazo con comedias de vuelo gallináceo: una tradición de torrentes más o menos lucrativos.

Ahora publica usted 2.500 críticas: dígame cinco pelis que hay que ver.
Le diré las seis que hizo Sternberg con Marlene Dietrich, a quien idolatraba hasta el punto de sacar del reparto a cualquier actor que le hiciera sombra. En especial, recomiendo
El diablo es una mujer.

Tenían buen rollito esos dos.
Una química infernal, efectivamente, que transmiten en pantalla a quien vea el filme ahora mismo. Otra obra que cambia tu modo de ver el mundo es
Anatomía de un asesinato de Otto Preminger.

¿Por qué?
Tras verla no volverá usted a creer tanto en lo que cree haber visto. Magistral. Y le diré otro título para animar a los fracasados…

…Que son los que acaban triunfando.
Ser o no ser de Lubitsch. Fue un sonoro desastre de crítica y público en su estreno y ahora es un éxito para la eternidad.

Desternillante cada vez que la ves.
Nos hace reír sin dejar de hacernos pensar. Para no quedar, en fin, demasiado viejuno le voy a citar a Clint Eastwood.

Tiene razón: Clint siempre es joven.
Recomiendo
Sin perdón, porque hoy los espectadores de menor edad menosprecian el western, pero para mí sigue siendo un gran género.

En català al Parlament Europeu

Admeto que aconseguir que el català esdevingui llengua normal al Parlament Europeu ha estat gairebé una obsessió en els vuit anys que porto treballant en aquesta institució. Confesso que, quan vaig arribar-hi, l’any 2004, creia que ho aconseguiríem de seguida. Sabia que els nostres predecessors ho havien intentat fins a la sacietat, sense sortir-se’n. I tanmateix, estava segur que es tractava (vaja, que es tracta) d’un tema absolutament de sentit comú i de fàcil solució. L’aliança catalano-defensora en aquest assumpte vé de lluny, i en els dos mandats que he viscut, hem procurat enfortir-la.

És ja prou conegut per a tothom que el català és una llengua viva, utilitzada amb total normalitat per uns 10 milions de persones pertanyents a tres països de la UE i un d’associat (Andorra); que al PE són oficials llengües que compten amb molts menys parlants que el català; que la Constitució espanyola (article 3) considera el català una de les quatre llengües cooficials de l’Estat espanyol; que és una llengua d’ús habitual en l’administració, el sistema educatiu, els mitjans de comunicació i en tots els àmbits culturals; i, que donat que el respecte per la diversitat lingüística és una de les bases democràtiques i culturals de la construcció europea, tal i com queda establert en l’Article 22 de la Carta de Drets Fonamentals de la Unió, resulta profundament injust discriminar una llengua amb l’argument que no s’utilitza en tot l’Estat.

Però, si tot això és tan evident, què és el que falla? Molt senzill: l’estructura de l’Estat, Madrid, el govern central, digueu-li com vulgueu. En aquest sentit, he de dir que no he percebut cap diferència substancial entre els governs del PP i els del PSOE. I això és preocupant.

I no obstant, tinc la impressió que estem més a prop que mai de resoldre l’afer, almenys en la seva dimensió europarlamentària. El President de l’Eurocambra en Martin Schulz, lector empedreït de Cabré, ha reiterat sovint el seu compromís personal i polític en favor que puguem usar el català als plens del PE, amb tota normalitat. Som conscients de la magnífica oportunitat que aquesta situació ens aporta, i hi estem treballant.

Confio que aviat resoldrem aquest clar dèficit democràtic i lingüístic, i quan ho aconseguim, estic segur que molta gent que avui no és conscient de la importància d’aquesta fet es preguntarà: com és que no ho hem resolt abans, això? I la resposta caldrà trobar-la, un cop més, en un model d’Estat, l’espanyol, que no respon a la realitat nacional actual, i que no encaixa en l’Europa dels pobles que tanta gent somniem, i per l que treballem.

Raül Romeva i Rueda, Construint Sinergies

Raül Romeva i Rueda, Iniciativa per Catalunya Verds, es eurodiputado y Vicepresidente del Grupo de los Verdes/Alianza Libre Europea del Parlamento Europeo.

Interpreting Steve JOBS

LA PREPARACIÓN:

Para interpretar el discurso de Steve Jobs en la ceremonia de Stanford, recibí un mail con un enlace a la página de la universidad, concretamente a la transcripción del discurso. Por lo tanto, contaba con el texto que iba a leer Steve Jobs, o que previsiblemente iba a leer. A veces, los oradores se apartan de su propio guión, y entonces los intérpretes, aunque hayamos preparado el texto con antelación, no tenemos más remedio que dejar de lado el guión que hemos estudiado y trabajar “sin red”. (Afortunadamente, a Steve Jobs en esta ocasión no le dió por improvisar.)

Conste que había recibido en el mail también un segundo enlace, al vídeo de Jobs pronunciando su discurso. Como la idea de A Word in Your Ear era la de grabar una interpretación de una simultánea en las condiciones más parecidas posibles a la realidad, opté por no abrir este segundo enlace. De modo que escuché a Jobs pronunciar su discurso por primera vez mientras lo estaba interpretando en simultánea, como sucede en el contexto de trabajo real. (Si a Jobs le hubiese dado por improvisar, mala pata para mí, como sucede en la realidad.)

Para ajustarme a las condiciones de trabajo reales, también leí el texto por primera vez el mismo día que iba a interpretarlo, en un rato de descanso mientras trabajaba en una conferencia. Es lo que suele suceder: cuando tenemos la suerte de recibir un guión, solemos estar trabajando ya en la conferencia. Por lo tanto, no nos sobra el tiempo para prepararlo – los textos se suelen entregar, con suerte, menos de media hora antes de pronunciar el discurso, y si no hay suerte, y la fotocopiadora está lejos, después de que lo hayan pronunciado. Además, los recursos que podemos consultar en cabina cuando estamos trabajando son limitados, aunque si hay suerte, cuando disponemos de una conexión a Internet (como en este caso) tenemos acceso a diccionarios online y otras herramientas terminológicas. Otro factor que limita nuestras capacidades para preparar un discurso mientras trabajamos en una conferencia es el hecho de que tampoco podemos volcar toda nuestra atención en el guión: la conferencia continúa, en cualquier momento tenemos que intervenir para interpretar de una lengua dada que no cubren los compañeros y por eso no se puede “desconectar” completamente de lo que sucede en la sala para concentrarnos en preparar ese discurso que otro orador va a pronunciar más tarde.

Estas son dificultades comunes a la preparación de cualquier texto de un discurso que un orador vaya a pronunciar. Una dificultad adicional común de los discursos leídos -a diferencia de aquéllos en los que el orador habla libremente, sin apuntes, es la velocidad a la que habla (lee) el conferenciante! Aunque se haya preparado el texto (¡y menos mal!) el orador puede llegar a “escaparse” (y creo que a mí me sucedió), aunque casi siempre hay manera de volver a atraparlo.

En el caso concreto del discurso de Steve Jobs, lo que posiblemente me haya preocupado más al preparar el texto fue acertar con el registro justo en el que se dirigía a su público: llano, casi familiar, pero emotivo. Y lo más difícil fue encontrar una fórmula adecuada para la conclusión, el “mandamiento” que dirige a los estudiantes. Mi guía para ser fiel al mensaje del original fue la siguiente pregunta: ¿si el propio Jobs hubiese pronunciado su discurso en castellano, qué les hubiera dicho a los alumnos? Para mí, interpretar es elegir las palabras con mucha libertad, pero buscando el máximo de fidelidad a la idea y emociones que el orador ha querido expresar.

En conclusión: siempre, siempre se agradece recibir el texto escrito de una intervención antes de escucharla – pero esa gran ayuda no impide que interpretar un discurso en simultánea sea todo un reto.

Carmen Gómez Von Styp, intérprete funcionaria del SCIC, Comisión Europea.

Aurelio ARTETA, contra una injusta política lingüística

Una de las necedades mayores en política lingüística es sostener que no hay que politizar la lengua. En primer lugar, porque las políticas lingüísticas referidas a las lenguas minoritarias en España (catalán, euskera y gallego) son nacionalistas. Los nacionalismos étnicos son nacionalismos lingüísticos, lo que significa que se basan en un silogismo como éste: si toda nación tiene derecho a la soberanía y la nación se caracteriza por disponer de una lengua propia, entonces debemos tener una lengua, para así llegar a ser una nación y por tanto proclamar nuestro derecho a la soberanía. Pero, en segundo lugar (y precisamente frente a esos nacionalismos), aquella afirmación es estúpida porque hará falta presentar alguna justificación política bien fundada a fin de defender los derechos lingüísticos de los ciudadanos. En definitiva, porque habría que alcanzar una justicia lingüística.

1. Entre nosotros hace tiempo que florecieron una falsas justificaciones de esas políticas. Las insidias habituales han comenzado por servirse de expresiones tramposas (lengua propia, lengua minorizada); han fomentado emociones de culpa por haber perdido una lengua o de venganza por haber dejado que nos la arrebataran; han cantado las excelencias del bilingüismo, cuyo atractivo primordial se sostiene de hecho en las mayores oportunidades de empleo público; han revestido esta política de la mentirosa aureola de progresismo política y superioridad didáctica; y la han confirmado, en fin, ante la opinión pública mediante un falseamiento sistemático de las encuestas sociolingüísticas.

Aquí pasamos revista a los argumentos mayores que suele emplear la política lingüística del nacionalismo. Tratamos así de rebatir defensas como la presunta igualdad de todas las lenguas (y la consiguiente propuesta de la necesaria discriminación lingüística para las menos extendidas), el hipotético valor de la pluralidad lingüística y, en fin, el no menos hipotético valor intrínseco de la lengua en tanto que soporte de la identidad individual o grupal. Naturalmente todo ello se condensa en la tesis de que la pérdida de una lengua implica por principio el empobrecimiento del mundo, igual que sucedería con la desaparición de algunas especies animales.

2. Las conclusiones ilegítimas no se hacen esperar. Dejaremos de lado los presuntos derechos de la lengua (y deberes hacia ella), como si la lengua en abstracto pudiera ser un sujeto moral o político. Bajo el influjo del nacionalismo, se hablará de unos derechos históricos a la lengua, pero los muertos no mandan sobre los vivos. Se mencionará también el derecho de una colectividad a la lengua, pero no reconocemos sujetos supraindividuales de derechos. Y admitido un derecho individual a esa lengua, sus defensores nacionalistas sostienen que es un derecho que va con su sujeto allá donde éste se desplaza. Lo que es más, sostendrán asimismo que es un derecho que asiste a todos y a cualquiera, lo mismo a sus hablantes como a los aspirantes a conocerlo…

3. Es hora de pasar a las justificaciones verdaderas, esto es, a los fundamentos de una política lingüística legítima. Lo inmediato es dejar sentado que, frente a su valor identitario, el valor primordial de una lengua es el instrumental o comunicativo y que el problema político que se plantea es el de cómo los individuos ejercen su libertad con respecto a la lengua.

Pues el sujeto primero de los derechos lingüísticos es el hablante, bien sea esa lengua la suya materna u otra adquirida en virtud de necesidades de convivencia o de supervivencia (por ej., para acceso al trabajo y ejercicio de otros derechos). O, lo que es igual, el sujeto de derechos es el miembro de la comunidad lingüística de que se trate y sus derechos no rebasan los límites de esa comunidad. De suerte que el principio básico de una política lingüística justa es el de adecuación a la realidad sociolingüística, no el de atenerse a un principio de adecuación a la demanda ni de libre opción lingüística. Así lo considera la Carta Europea de Lenguas Regionales y Minoritarias, de 1992, ratificada por España en el 2001. Se consagra, pues, la primacía del uso, lo que significa que (al contrario que otros derechos) el derecho lingüístico nace del uso efectivo de la lengua. En cada caso, la política lingüística de un país con respecto a una lengua regional habrá de asegurarse que exista un número suficiente de hablantes y de contar con recursos económicos suficientes para atender sus exigencias. Las demandas del mero aspirante a aprender esa lengua habrán de ser comparadas con otras necesidades de mayor amplitud, gravedad o urgencia de la comunidad. A fin de cuentas, entre nosotros lo primero que revela nuestra realidad sociolingüística es que los españoles tenemos una lengua común, lengua mayoritaria de conocimiento y de uso incluso entre las comunidades con lenguas propias o particulares.

4. Algunas aplicaciones prácticas de todo lo anterior.

a/ En la enseñanza pública

Por una parte, no a la inmersión lingüística (Cataluña), por lo que entraña de abandono de la lengua común y, con ello, de la lengua materna española de los alumnos. Por otra parte, no a la libertad de elección lingüística (Euskadi y Navarra). Porque nuestro derecho es a elegir nuestra lengua, la de nuestra comunidad lingüística, no a optar entre nuestra lengua y otra que los sujetos no hablamos, que apenas se habla o que nunca se ha hablado en esa comunidad; igual que el derecho de los padres es a hacer constar la lengua real de sus hijos, no la deseada por sus padres…

b/ En el acceso al empleo público

En las oposiciones a la Administración Pública no cabe exigir niveles de conocimiento de una lengua, ya sea como requisito o como mérito, para aquellas plazas cuya función no los requiere o no los requiere en la proporción abusiva que se pretende. Lo contrario sería hacer una selección contra toda justicia.

Aurelio Arteta.- Catedrático de Filosofía Moral y Política de la UPV

Linda FITCHETT, President of AIIC

AIIC is the only global association of conference interpreters. Since the very early days of modern conference interpreting, AIIC has promoted high standards of quality and ethics in the profession and represented the interests of its practitioners.

Who are we?

AIIC is an open and representative professional organisation of staff and freelance conference interpreters, with over 3,000 members in 100 different countries.

What do we do?

AIIC is active in all areas affecting conference interpreting and works for the benefit of all conference interpreters and for the profession as a whole.

AIIC sets professional and ethical standards for the profession and promotes the working conditions that high quality interpreting requires. The Association also contributes its expertise to ensure that future generations of interpreters will be trained to today’s high standards.

Enrique DANS, sobre lenguas e Internet

Se hablan en el mundo unas 6.000 lenguas, la mitad de ellas concentradas en ocho países: Papua Nueva Guinea (832), Indonesia (731), Nigeria (515), India (400), Méjico (295), Camerún (286), Australia (268) y Brasil (234). No obstante, este multilingüismo planetario no goza de buena salud, según la UNESCO alrededor del 50% de esas 6.000 lenguas está en peligro de extinción y el 96% de ellas son habladas solamente por el 4% de la población mundial.
Internet surge, a su vez, como potencial amenaza ya que más del 90% del contenido en la red se reduce a sólo 12 lenguas.

Preguntamos a Enrique Dans sobre el papel que Internet, y las nuevas tecnologías, tendrán en ese aparente proceso de pérdida lingüística y cultural.

6,000 languages are spoken worldwide, and half of these are concentrated in eight countries: Papua New Guinea (832), Indonesia (731), Nigeria (515), India (400), Mexico (295), Cameroon (286), Australia (268) and Brazil (234).  Nevertheless, this global multilingualism is in poor health.  According to UNESCO, some 50% of these 6,000 languages are in danger of extinction and 96% of them are spoken by only 4% of the global population. The Internet emerges as a potential threat, given that more than 90% of its content is in only 12 languages.

We ask Enrique Dans about the role that Internet and new technologies will play in this apparent process of linguistic and cultural decline.

http://www.enriquedans.com/

Normas de etiqueta para intérpretes de conferencias

Mónica nos da algunos consejos sobre cómo vestirse para trabajar como intérprete, o para ir a un examen de interpretación. En este vídeo escucharéis ideas sobre qué ponerse, o no, en un contexto profesional. Aciertos, errores que no se deben cometer y algunas pautas que os ayudarán a salir del paso si tenéis alguna duda.

Anotación personal: este vídeo está dedicado a Mónica HERAS y mis compañeras blogueras: @blogbootheando @aidagda @IciarPertusa @gerdabilingual @MmeInterpreter. Hace unos meses, en un Hang-out, me propusieron el tema, que a mí no se me había ocurrido. Mi amiga Mónica, referente en la materia, accedió a la primera a hablar sobre el tema y aquí está el vídeo prometido. Recordad: “menos es más”.