Elisabet TISELIUS, Interpreting Research

Can you really do research on interpreting?

You are not the only interpreter colleague who has asked me that question. When I enthusiastically start explaining what has been done and what can be done, I can see that sometimes I lose you immediately, and some other time I can see a spark of interest in your eye. You often argue that it is not possible to investigate interpreting academically, that it is a craft, a skill that is refined and maybe to some point an innate talent. In those cases I contradict you of course, I will tell you that there are so many things you can investigate in interpreting: the interpreter, of course, but also pedagogy or work environment for instance. And since interpreting is a young discipline there are many areas left to explore.

Just as I touch upon in the clip, I often think that there is a gap between the research and the profession in interpreting. It is not as for medical doctors or dentists who regularly attend scientific conferences to learn about new findings in medicine. If interpreters participate in a scientific conference it is as interpreters and not as participants. I’m sure we learn a lot, but not about our own profession.

Translators have many opportunities for professional development, and admittedly there are a few for interpreters as well. AIIC, for instance, regularly organizes different courses for adding or perfecting languages or aimed at interpreting teachers.

What is there to learn about interpreting, you may ask, other than being on task and actually interpreting. You can learn a new language of course, but when it comes to interpreting research, what’s in it for me, as a professional?

Thanks to research into interpreting we can tell our clients that if the booth is too hot or if there is no air in the booth we don’t perform as well as we could. We knew that intuitively before of course, but no doubt it is easier argued if it has been scientifically proven, right? I also mention other results in my speech such research on lag, speed and intonation.

There are of course many more things that we know, but also many more things to learn. Interpreting research is still young. There is no way I could cover everything that has been done in interpreting research in this short article or in the You Tube video, but I hope that you would like to hear more and if you do I can recommend a few other sources I have found a useful way into research myself.

AIIC’s training committee organized two research seminars in 2012 which I recommend. http://aiic.net/page/3805/aiic-training-committee-interpreting-research-seminars/lang/1

They also have a few good articles on interpreting research, they are a little bit dated, but still good. This one by Daniel Gile and Andrew Dawrant http://aiic.net/page/341/interpreting-research/lang/1

And the one by Matthew Perret on research and interpreting training, an o-so-important matter http://aiic.net/page/2687/interpreting-studies-research-and-interpreter-training-worlds-apart/lang/1

The book I talk about in the clip is:

Pöchhacker, Franz. 2004. Introducing Interpreting Studies. London & New York: Routledge. http://www.amazon.com/Introducing-Interpreting-Studies-Franz-P%C3%B6chhacker/dp/0415268877

[If you have any questions, or would like more literature tips, don’t hesitate to contact me at: e.tiselius@ aiic.net]

MIC 2013: Visita a la Comisión Europea y Tribunal de Justicia de la UE

CRÓNICA DE UN VIAJE:

Hace unas semanas los estudiantes del MIC emprendimos un viaje de cuatro días al centro neurálgico de la interpretación en Europa (y, por qué no decirlo, de las cervezas y el chocolate). Hicimos la maleta meticulosamente, con cuidado de no olvidar la grabadora, la libreta, los cascos o el disfraz de intérprete. Sin embargo, nada ni nadie podía prepararnos para lo que nos esperaba en aquel lugar.

El lunes a primera hora de la mañana cruzamos el control de seguridad del edificio Albert Borschette para pasar una jornada en la Comisión Europea conociendo a distintas funcionarias del SCIC y practicando la interpretación consecutiva. Sorprende la cantidad de altos cargos ocupados por mujeres, aunque en un ámbito como la interpretación lo contrario sorprendería incluso más. Para rematar el día, cuatro valientes voluntarios se sometieron a un simulacro de examen de acceso a la UE con un tribunal de lujo en el que estaban las jefas de las cabinas española, alemana y una intérprete de cabina inglesa del equipo de formadores del SCIC. Incluso los meros espectadores estábamos como flanes, pero dejaron claro cuál es el nivel del MIC de La Laguna. Lo más destacable del día fueron las caras que se nos quedaron al echarle un vistazo a la documentación que nos dieron para la reunión del Consejo de la UE que interpretaríamos al día siguiente en cabina muda.

Para bien o para mal, no pudimos asistir a ninguna reunión con tintes más políticos así que el martes y el miércoles los pasamos viviendo en nuestras propias carnes lo que es estar en cabina durante una reunión técnica, rebuscando entre los documentos el párrafo exacto que estaban leyendo los delegados y quedándonos fascinados con el trabajo de los intérpretes de esas reuniones. La verdad es que por mucho que se diga de las reuniones de pesca y de la gallineta nórdica, no podemos subestimar la dificultad de una reunión sobre la armonización de los niveles de ruido de los vehículos. Tuvimos la suerte de conocer a Paco, intérprete del SCIC que hizo de guía turístico por el edificio Berlaymont y nos llevó a tomar una cerveza con varios intérpretes que nos contaron de primera mano cómo es formar parte del SCIC.

El miércoles por la tarde, tras un día de cabina muda en el Consejo de la UE, en el tren hacia Luxemburgo pudimos disfrutar de un rato de descanso, muchas risas y alguna que otra sorpresa.

Finalmente, el jueves pasamos el día en el Tribunal de Justicia de la UE, donde tuvimos la oportunidad no sólo de presenciar una vista oral, sino también de ser testigos de las prestaciones de los intérpretes que trabajaron solamente para que los estudiantes del MIC pudiésemos escucharlos. Comprobamos que, a pesar de ser la misma profesión, el trabajo que realizan los intérpretes de la Comisión Europea, o del Consejo Europeo, y los del Tribunal de Justicia de la Unión Europea es completamente diferente.

El viaje fue una oportunidad para conocer el funcionamiento de diferentes instituciones europeas desde dentro, para escuchar de boca de sus intérpretes cómo es la profesión, para tener nuevas perspectivas, ver la interpretación desde un punto de vista distinto y para darnos un empujón de cara a las semanas de formación que nos quedan. Y por qué no, para disfrutar de las tormentas de nieve que tanto escasean en Tenerife.

Los alumnos del MIC queremos dar las gracias a los intérpretes del SCIC y del TJUE por su paciencia y aguante, y, a Lourdes, Marlene y Julia, por organizar y coordinar este viaje”.

Nuria Campoy, alumna del MIC, promoción 2012-13.

Alumnos en fuego cruzado

El ministro de Educación, José Ignacio Wert, ha dicho recientemente en el Congreso que quiere españolizar a los alumnos catalanes. Por su parte, la consellera de Educación, Irene Rigau, dijo en un acto público en Barcelona en julio de 2011 que en Cataluña deberíamos estar todos orgullosos de haber catalanizado el sistema educativo. ¿No responden ambas posturas a posiciones político-partidistas ajenas a la educación?

Desde luego, estas posiciones no son nuevas en España, donde la educación ha estado tradicionalmente dirigida por políticos y ha servido más a los intereses partidistas que a los intereses de los alumnos. Lo más desesperante de todo ello es que ni unos ni otros parecen tener como prioridad el proporcionar a los alumnos una educación moderna, abierta, conocedora de lo propio, pero a la vez cosmopolita, exigente, reflexiva y crítica. Parece ser más importante españolizar o catalanizar, y a ello se dedica tiempo, esfuerzo y también muchos insultos y agresividad, como constatamos cada día.

El sistema educativo catalán es, desde hace tiempo, criticado encendidamente por unos y defendido a ultranza por los otros porque en él se usa una sola lengua vehicular, el catalán. Como es bien sabido, esta es la lengua en la que se desarrolla toda la actividad escolar y el español es enseñado como asignatura durante tres horas a la semana. Recientemente, a partir de las declaraciones del ministro Wert en favor de españolizar a los alumnos catalanes, un nuevo aspecto del sistema educativo catalán está siendo objeto de enfrentamiento entre los dos bandos: los contenidos de las asignaturas de Historia y Geografía. La cuestión de la lengua vehicular, no obstante, sigue siendo motivo de disputa y posiblemente lo seguirá siendo durante tiempo. En este artículo hablaré de esta cuestión.

La situación en la que nos encontramos parece ser, brevemente, la siguiente. Para Rigau y sus defensores, el catalán debe continuar siendo la única lengua vehicular en las escuelas de Cataluña. El llamado sistema de inmersión es considerado por la Generalitat el sistema-único-posible para todos los alumnos catalanes. Hace ya tiempo que fue definido como una “línea roja” infranqueable y cualquier objeción a este modelo, sea del tipo que sea, es inmediatamente rechazada como un ataque al catalán. Se nos dice que el sistema actual es fruto de un amplio consenso ciudadano en Cataluña, a pesar de que no disponemos de ninguna encuesta o estudio de opinión por parte de una institución independiente que avale esta afirmación.

Por su parte, para Wert y sus defensores la única preocupación está del lado del español y raras veces expresan interés en que todos los alumnos también reciban un buen aprendizaje del catalán. A ello se añade el que este bando parece percibir la ausencia del español en las aulas catalanas como una ofensa a ellos y a España, hacia la que reaccionan de forma extremadamente beligerante. Es posiblemente esta sensación de ofensa lo que les atenaza y les impide concretar qué modelo alternativo quieren. A veces dicen que optan por una escuela bilingüe catalán-español para todos los alumnos, y otras veces, por una doble red, con unas escuelas en español y otras en catalán, y la consiguiente elección de una red u otra por parte de las familias. La última idea ha sido, no obstante, otra: querer subvencionar escuelas privadas en Cataluña para que impartan la educación únicamente en español.

Así son las posturas y así son los intereses partidistas de cada bando. Sin embargo, ¿cuáles son los intereses de los alumnos? ¿Cuáles son sus necesidades lingüísticas? ¿Qué es más útil para ellos? ¿Qué es más enriquecedor? ¿Cuál es el deseo de la mayoría de alumnos, el conocer y saber usar bien una lengua o las dos? Tal vez ha llegado la hora de pensar en los alumnos y en lo que es mejor para ellos.

Si analizamos la cuestión objetivamente, parece claro que las necesidades lingüísticas de los alumnos catalanes pasan por el aprendizaje sólido y en profundidad de ambas lenguas, el catalán y el español, además de un aprendizaje adecuado del inglés, cuestión esta de gran calado, pero que no discutiré ahora. Para poder realizar un aprendizaje de ambas lenguas oficiales en condiciones y de manera equitativa para todos los alumnos, estos deberían poder aprender ambas lenguas en la escuela (y no una en la escuela y la otra en la calle), recibiendo asignaturas en ambas, familiarizándose con la terminología académica de ambas y disponiendo del espacio para realizar trabajos escritos y presentaciones orales en ambas. El objetivo prioritario de las escuelas debería ser el de reflejar la realidad bilingüe de Cataluña y equipar a los alumnos para desenvolverse adecuadamente en ella. Aquí debería terminar su función en el campo lingüístico.

El sistema de inmersión que se practica en Cataluña es único en Europa. Ninguna otra comunidad bilingüe de Europa lo ha implementado. Todas ellas han optado por uno de estos dos modelos: una doble red de escuelas, como, por ejemplo, Gales, con una red de escuelas en galés y otra en inglés, o el modelo de escuela bilingüe o trilingüe, como Luxemburgo, donde todas las escuelas imparten la educación en las tres lenguas del país. Nadie nos quiere explicar por qué en Cataluña se ha optado por un modelo monolingüe obligatorio para todos los alumnos, inédito en el resto de Europa. ¿Qué razón pedagógica hay? Nos tememos que ninguna, que el motivo es de otro orden, el de siempre, político.

No es la escuela monolingüe sino la escuela bilingüe la más acorde con los estudios académicos internacionales sobre aprendizaje escolar de lenguas, estudios que ni un bando ni otro citan nunca. Expertos como Jim Cummins, Colin Baker o James Tollefson han demostrado en sus investigaciones que en las comunidades bilingües, la escuela bilingüe, a diferencia de la escuela en una sola lengua, es un modelo más integrador, más efectivo cognitivamente, más adecuado desde un punto de vista afectivo y posiblemente la única manera de proporcionar una alta competencia en ambas lenguas a la mayoría de alumnos.

Sin embargo, lo que sucede en Cataluña es lo contrario de lo que es deseable desde un punto de vista educativo: los alumnos se encuentran actualmente en fuego cruzado, supeditados a unos que les quieren catalanizar y a otros que les quieren españolizar. Los alumnos catalanes son claramente los grandes perjudicados por esta suplantación de su educación lingüística por ideología partidista. Por esta razón es necesario seguir insistiendo en que, tanto en Cataluña como en el resto de España, la educación debería estar únicamente al servicio de los alumnos y los programas escolares deberían guiarse solamente por criterios pedagógicos. En el caso que nos ocupa, sería una educación bilingüe catalán-español la que cumpliría con estos requisitos.

Mercè Vilarrubias es catedrática de lengua inglesa en una de las Escuelas Oficiales de Idiomas de Barcelona y autora del libro Sumar y no Restar. Razones para introducir una educación bilingüe en Cataluña (editorial Montesinos).

Publicado en El País, seis de Noviembre 2012.

La inmersión lingüística en el contexto europeo, Mercè Vilarrubias

Publicado en El País, uno de Abril 2013.

Cristóbal OSUNA: Trabajar en Naciones Unidas

Cristóbal OSUNA is Head of the Spanish Unit, Interpretation Services, United Nations, Geneva.

The United Nations is an international organization founded in 1945 after the Second World War by 51 countries committed to maintaining international peace and security, developing friendly relations among nations and promoting social progress, better living standards and human rights.

Due to its unique international character, and the powers vested in its founding Charter, the Organization can take action on a wide range of issues, and provide a forum for its 193 Member States to express their views, through the General Assembly, the Security Council, the Economic and Social Council and other bodies and committees.

The work of the United Nations reaches every corner of the globe. Although best known for peacekeeping, peacebuilding, conflict prevention and humanitarian assistance, there are many other ways the United Nations and its System (specialized agencies, funds and programmes) affect our lives and make the world a better place. The Organization works on a broad range of fundamental issues, from sustainable development, environment and refugees protection, disaster relief, counter terrorism, disarmament and non-proliferation, to promoting democracy, human rights, gender equality and the advancement of women, governance, economic and social development and international health, clearing landmines, expanding food production, and more, in order to achieve its goals and coordinate efforts for a safer world for this and future generations.

The official languagesused at the United Nations are:

  • Arabic
  • Chinese
  • English
  • French
  • Russian
  • Spanish

The working languages at the UN Secretariat are English and French.

A delegate may speak in any of the official languages, and the speech is interpreted simultaneously into the other official languages. Most UN documents are also issued in all six official languages. At times, a delegate may choose to make a statement using a non-official language. In such cases, the delegation must provide either an interpretation or a written text of the statement in one of the official languages.

Félix OVEJERO: La identidad inventada

Cuando caminamos por un bosque buscamos aquella senda que otros han transitado antes que nosotros. Puede que existan diversos caminos desbrozados, pero, si queremos llegar a nuestro destino con rapidez, escogemos el hollado por más caminantes. Con ello contribuimos a que otros, que vendrán después, puedan caminar con más facilidad. Nadie nos impide coger cualquier otro camino o abrir uno nuevo. Pero no podemos obligar a los otros a escoger nuestra ruta para que nosotros podamos caminar más cómodamente. Lo importante es que a nadie le impidan caminar por donde quiera y que a nadie le obliguen a transitar por donde no quiera.

Según los economistas, lo mismo sucede cuando utilizamos una tarjeta de crédito, un sistema de vídeo, una moneda, un sistema métrico, una compañía de teléfonos o un ordenador. Y una lengua. En tales casos se dan economías de red: se tienden a consolidar los sistemas con más usuarios. Estos procesos, como tales, nada tienen que ver con el mercado o el capitalismo, la competencia perfecta o los monopolios. Actúan del mismo modo el campesino que opta por un sistema de pesas y medidas, el que rotula su comercio o sus productos en una lengua, la multinacional que hace uso del correo electrónico o nosotros cuando compramos un reproductor de vídeo o un ordenador. En eso, tenderos, monopolios y consumidores no difieren del caminante. Lo único que aspiran es a acceder a aquella red que dispone de más usuarios. Con ello, sin pretenderlo, contribuyen a reforzar la red y a facilitar la llegada de otros. Quienes optan por otros sistemas ven limitadas sus opciones, pero no pueden reprochar nada a quienes no siguen su camino. Es cierto que sus dificultades tienen que ver con las elecciones de los otros, pero nadie les ha impuesto nada, ni nadie ha hecho nada con la intención de perjudicarles. Cada cual ha escogido libremente su camino y, como resultado de esas elecciones, sus posibilidades quedan limitadas.

Sin duda, las lenguas presentan aspectos especiales. Pero no estoy seguro de que sean los que con frecuencia se alegan. Desde luego, la idea de que la lengua es algo más que un instrumento de comunicación no es un argumento que justifique interferir tales procesos. Si con ello se quiere decir que la lengua condiciona nuestro mundo de experiencias, la idea es sencillamente falsa. Que tú y yo utilicemos palabras distintas para designar el dolor de cabeza, o incluso que en mi lengua no exista una palabra para designar ese dolor, no quiere decir que nuestra experiencia sea distinta. Si sólo se quiere decir que la lengua es algo más que comunicación, la idea es trivial. Todo proceso material presenta diversos aspectos. Una comida es un proceso metabólico, pero también puede ser un acto social. Ahora bien, si deja de ser un proceso metabólico deja de ser una comida. Aunque puede dejar de ser un acto social sin dejar de ser una comida. En el mismo sentido, una lengua es, fundamentalmente, un vehículo de comunicación. En algunos casos puede comprometer dimensiones cognitivas. Pero ni siquiera es seguro que en ese sentido las lenguas resulten excepcionales. Basta con pensar en las monedas. Cuántos de nosotros andamos traduciendo a pesetas nuestros intercambios diarios.

Para valorar la situación resulta decisivo saber cómo ha sido el proceso. Si en una fiesta todos se van emparejando y, al final, sólo quedan un par de personas que no tienen otra opción que emparejarse, éstos podrán lamentar su situación, pero no tendrán razones para culpar a los demás, por más que sea resultado de sus acciones. No es lo mismo que a Anna no le quede otro remedio que casarse con Juan que el que se le imponga casarse con Juan. El procedimiento cuenta. En un caso se respetan los derechos, en el otro, no.

Desde el punto de vista normativo, lo que importa es que, en esos procesos, en esas elecciones, se respeten los derechos. Si a una persona se le impide expresarse en su lengua, abrir un periódico, o escribir un libro, su libertad está siendo cercenada. Lo que resulta más discutible es que le tengan que asegurar unos interlocutores o lectores. Entre otras razones, porque eso supondría obligar a otros a leer o a escribir en su lengua. Supondría limitar los derechos de los demás. Obligarles a caminar por las sendas que no desean. Anna tiene derecho a casarse, pero no tiene derecho a casarse con quien quiera. Entre otras razones, porque también Juan tiene que poder escoger y quizá Anna no le guste.

Hablar de derechos no es decir mucho en tiempos en los que toda reclamación se formula en términos de derechos. De hecho, cuando se producen procesos como los descritos, que tienden a reforzar unas lenguas y debilitar otras, no es infrecuente escuchar apelaciones a los derechos “de las culturas” que se verían minados. Por ello, en el caso de las lenguas conviene precisar qué derechos, en dónde y de quién. Por lo pronto, los derechos que cuentan son los de las personas. Las culturas o las lenguas, como tales, no son sujetos de derecho. Los que sufren, aman y sueñan son las personas, no las culturas. La diferencia es importante. Si uno cree que hay un derecho de las culturas, para preservar la lengua cherokee, que sólo hablan el 8% de los cherokees, habría que convertirla en obligatoria en la enseñanza y, seguramente, dado el escaso número de cherokees, extenderla más allá de sus territorios. Si lo que nos preocupan son los cherokees, hay que darles la oportunidad de que estudien cherokee si lo desean y también la oportunidad de estudiar el inglés, la lengua que habla el 92% de ellos, la lengua de facto de la mayoría de ellos. La lógica de los caminos invita a pensar que los cherokees que deseen ampliar sus opciones vitales, estar informados, conocer otras gentes, viajar o intentar nuevos oficios, preferirán el inglés. Mientras cada cual pueda escoger su camino, que vaya por donde quiera.

También es importante enmarcar el ámbito territorial de aplicación. Basta con pensar en ese impreciso valor del “reconocimiento” que a veces se invoca en España o en Europa. Se puede entender en un sentido puramente simbólico, pero eso, en la práctica, no quiere decir nada, apenas unos cuantos documentos que, en el mejor de los casos, intercambian las administraciones. Cuando se formula con mayor exigencia, parece exigirse que las instituciones estén en condiciones de atender y de reflejar los usos lingüísticos de todos los ciudadanos en todos los lugares. Si así fuera, los cherokees deberían poder ser atendidos en cherokee en cualquier comisaría de Estados Unidos o podríamos reclamar en castellano a un Ayuntamiento polaco por una multa de tráfico o a uno de un pueblo de Córdoba en catalán. Eso y no otra cosa significa, en la práctica, que una lengua sea oficialmente reconocida. No estoy seguro de que resulte una aspiración razonable mientras los recursos no sean infinitos.

Finalmente, los derechos, en el ámbito territorial de aplicación, han de valer para todos, es decir, para cada uno. Aquí también se percibe el contraste entre los derechos de las personas y los de “los pueblos”. El ejemplo de Québec, que pocas veces se recuerda en todos los datos, resulta revelador. Allí la lengua -“la cultura”- mayoritaria es el francés. En ese sentido, la defensa de “la cultura” de la comunidad no se aleja en exceso de la defensa de los derechos de cada uno. Pero no por ello deja de ser una dictadura de la mayoría. Si en España se aplicase el mismo criterio, y en cada una de las autonomías, por ejemplo, la enseñanza se impartiese en la lengua mayoritaria, el castellano sería la lengua exclusiva de la enseñanza. Una propuesta que violaría los derechos de muchas personas, a las que se les impediría escoger su propio camino. Con más razón, pero por el mismo principio, resulta discutible la política aplicada en las comunidades autónomas “dotadas de identidad propia”.

En el caminar de las lenguas, mientras se respeten los derechos, no hay nada que lamentar. Algo que no sucedió durante la dictadura, cuando se obligó a todos a caminar por la senda del castellano, sin que pudieran escoger su propio camino. Con todo, eso no impide reconocer que la expansión del castellano en España tiene menos que ver con la dictadura que con el mecanismo de las sendas. En el siglo XV, Castilla, que incluía Galicia, Vizcaya, Álava y Guipúzcoa, tenía 4,5 millones de habitantes, y la Corona de Aragón, 850.000. En esas condiciones no resulta extraño que el castellano se extendiera y se mantuviera como lengua común y que prácticamente desde el siglo XVI la utilizaran el 80% de los peninsulares. Los flujos económicos, los movimientos de poblaciones, el transitar por los mismos caminos, han acabado por producir un entramado de “identidades” que hace imposibles las tareas purificadoras. Todos somos mestizos de pura cepa. La investigación empírica fiable, la existente y la que hay en curso, confirma que el barro con el que estamos amasados los españoles -y la pista de los apellidos resulta muy elocuente- no presenta muchas variaciones. En realidad, cuando las cosas se miran y se miden en serio, Lugo y Huesca son las provincias con una identidad cultural más alejada de la media española, las de mayor “identidad propia”. En esas condiciones, las invocaciones a la identidad de los pueblos, que poco se parecen a la identidad de los ciudadanos, sólo se pueden hacer a costa de socavar los derechos de los ciudadanos, de meterlos en vereda. A ellos y a unas poblaciones emigrantes que, bien por su cultura de origen, bien por su razonable disposición a desenvolverse en lenguas laboralmente francas, refuerzan día a día las sendas más transitadas.

( El País el 28 de febrero de 2005)

Un poco de aire ante la Inmersión lingüística

De nuevo el nacionalismo con los tambores de la catástrofe. Nadie propone que el catalán deje de ser vehicular ni la separación de niños por lenguas, sino la simple aplicación de sentencias del Constitucional y del Supremo, que avalan una tibia educación bilingüe. Siempre atenta a las inquietudes del poder local, la disciplinada sociedad civil no falta al enésimo toque de corneta. Se fotografían indignados los rectores de Universidad y desde el AMPA, con siglas independentistas, se convoca por correo electrónico a los padres a manifestaciones. Entretanto, a diferencia de lo que sucede en Madrid, con imperturbabilidad budista se digieren recortes y privatizaciones de un Gobierno autónomo que no tiene pudor en decir, por boca de su consejero de Salud, que “no hay un derecho a la salud, porque depende del código genético de la persona”. Será el hecho diferencial.

A la izquierda catalana le falta tiempo para apuntarse. Algo inexplicable. Desde 1953 la educación en lengua materna es un derecho reconocido por la Unesco y, entre nosotros, el bilingüismo era el modelo de la República, incluido el Estatuto de Nuria, y el que defendió el PSC hasta hace dos días, apelando a su pedagoga de cabecera, Marta Mata. Ahora, sin que se sepa cómo ni por qué, nos encontramos a la izquierda relacionando “identidades” con naciones y ciudadanías, urdiendo argumentos con los mimbres intelectuales que nutrieron la peor historia europea. Si lo dudan, vean la entrevista de Raül Romeva, eurodiputado de ICV, en el interesante blog A Word In Your Ear.

Por lo común, cuando se grita mucho las razones escasean. Y en estos días se grita más que nunca. Pero también hay argumentos. En algún libro y en estas mismas páginas he intentado mostrar la pobreza de los fundamentos teóricos de las políticas “normalizadoras”. Ahora, por debajo de la maraña retórica, aparecen nuevas razones, menos teóricas. Apelan a la realidad, la eficacia y los consensos. No está de más evaluarlas.

La primera invoca la realidad catalana, agredida en su identidad. Dilucidar identidades no es cosa sencilla, ni siquiera cuando se trata de individuos. En el caso de las comunidades, ni les cuento. En todo caso, cualquier idea de identidad tiene que atender a lo común o, en su defecto, mayoritario. Nunca a lo extravagante o singular. La identidad de mi familia no es mi primo alto y rubio. Y los datos, tampoco esta vez, cuadran con el relato nacionalista. Según la propia Generalitat, el 55% de los catalanes tenemos como lengua materna el castellano y el 31,6% el catalán. Relean: el castellano es la lengua común y ampliamente mayoritaria de los catalanes. Ahora la pregunta: ¿quién no respeta la identidad?

La segunda apunta a la eficacia pedagógica. Se nos dice que los niños catalanes, sin escolarizarse en castellano, tienen un dominio superior de la lengua común al resto de los españoles. Si así fuera, solo caben dos posibilidades: bien los catalanes somos un portento de la naturaleza, bien la escolarización en una lengua es contraproducente para su conocimiento. Como ninguna de las dos resulta plausible, hay que dudar de las fuentes. Y, en efecto, mirados de cerca, tampoco esta vez los datos abruman. Mejor dicho, es que no hay. Ahora sabemos, por boca de Joaquim Prats, exresponsable del informe PISA en Cataluña, que “el informe se hace en catalán, (y que) por tanto, no mide la comprensión lectora en castellano”. En realidad, los escasos datos disponibles no desmienten el sentido común y, entre catalanes, muestran el mayor fracaso escolar de los castellanoparlantes, los de menos recursos, por cierto. La única prueba concluyente es la que no se hace: exponer a todos los estudiantes españoles a las mismas exigencias de competencia lingüística. Al final, con tanto ruido, nos olvidamos de lo obvio: hablar una lengua no es dominarla. Todos, incluso los analfabetos, hablamos una lengua. En la escuela se busca otra cosa, lo que los especialistas llaman Cognitive Academic Language Proficiency, competencia para entender información nueva, ajena al contexto y con un cierto grado de abstracción. Eso solo se adquiere con la escolarización, como bien sabe el presidente de la Generalitat cuando elige un colegio trilingüe para sus hijos.

La tercera invoca la cohesión. Según parece, el bilingüismo dividiría a la sociedad catalana. Un argumento pobre. Si la enseñanza en una sola lengua es garantía de cohesión, habría que escolarizar solo en castellano, la lengua mayoritaria, común y, además, de muchos emigrantes y de los vecinos “españoles”. Además, la experiencia disponible no avala la tesis fratricida. Sin ir más lejos, Finlandia, el país con mejores resultados educativos en Europa, imparte la enseñanza en dos lenguas y no parece que esté al borde de la guerra civil. Finalmente, el argumento resulta impreciso porque equipara bilingüismo a separación por lenguas, cuando no es lo mismo un sistema en donde los alumnos permanecen juntos mientras reciben enseñanza de distintas materias en las dos (o tres) lenguas oficiales que otro de doble red, el de Finlandia, en el que las distintas escuelas imparten la enseñanza en las diferentes lenguas oficiales según la elección de los padres y aprenden la otra lengua como asignatura. Esos son los sistemas que podemos encontrar en Europa. Y en el mundo, incluido Quebec. En realidad, la anomalía planetaria es Cataluña. De modo que el argumento resulta inconsecuente, falso y, en el mejor de los casos, confuso. Puestos a decirlo todo, hasta dudo de su sinceridad, de la preocupación por la paz civil por parte del nacionalismo, cuando su objetivo político es levantar fronteras y su estrategia alentar la tensión entre conciudadanos.

El último argumento apela al consenso ciudadano. Su aval: casi todos los partidos defienden la inmersión. El argumento, obviamente, no sirve para defender la propia opinión, como hacen los socialistas. La afirmación “estoy de acuerdo porque todos estamos de acuerdo” se sostiene en el aire, esto es, en ninguna parte. Bastaría con que ellos cambiaran de opinión para que “el argumento” dejara de valer. Lo mejor en estos casos es preguntar a los ciudadanos directamente. Y asómbrense, las encuestas de la Generalitat, que preguntan sobre lo humano y lo divino, jamás han mostrado interés en saber qué prefieren los ciudadanos.

Quizá la explicación del descuido hay que buscarla en los resultados de las encuestas de CSIS que, mientras se hicieron, mostraban una clara preferencia por el bilingüismo. El único pie empírico en el que se sostiene la supuesta unanimidad es “la falta de demanda social”. Una falta de demanda que se entiende bastante bien al leer la respuesta del Departament d’Ensenyament a la pregunta de en qué consistía la (posible) enseñanza en español durante la etapa de primaria, recogida en el mejor libro que conozco sobre la experiencia catalana, Sumar y no restar. Ahí va: “El profesor imparte la clase en catalán y una vez acabada la lección, se acerca al alumno en cuestión y le repite en español lo que acaba de explicar en catalán. El alumno tiene derecho a hablar en español con el profesor y a realizar los exámenes en esta lengua, pero sus libros de texto deben estar escritos en catalán y él debe permanecer siempre en la clase con los demás alumnos”. Traducido: “a ver, el valiente, un paso al frente”. Calificar este procedimiento como humillación es quedarse corto. Segregación, tampoco alcanza.

Naturalmente, la obscenidad intelectual básica radica en relacionar derechos con “número de demandantes”. Con ese argumento los negros no habrían pisado las universidades norteamericanas. Seamos claros, el argumento relevante no se puede invocar. Es de uso interno. Lo expresó impecablemente hace tres años Bernat Joan, por entonces secretario de Política Lingüística, inquieto ante la sentencia del TC: “Podría crear un alud de gente que exigiese judicialmente la escolarización en castellano o que la Administración pública les atendiese en castellano” (El punt Avui, 23-8-2009). A Joan lo que en realidad le inquietaba eran los catalanes. Pero estas cosas no se dicen en Madrid. Bueno, el otro día sí, cuando Duran i Lleida confesó su desolación en el Parlamento porque “lamentablemente la lengua mayoritaria en el patio es el castellano”. A lo que se ve, los que estorbamos en la Cataluña de los nacionalistas somos los catalanes. Que queremos un poco de aire.

(El País, 20 Diciembre 2012)

Félix Ovejero Lucas es profesor de Ética y Economía de la Universidad de Barcelona.

La política lingüística como base de la independencia

Lengua y corrección política

Hace tan sólo dos días Miquel Roca Junyent publicó en estas mismas páginas un estupendo artículo en el que ponía de relieve el miedo a manifestarse públicamente en contra o al margen de lo políticamente correcto. Y añadía: “Mucha gente dice en privado lo que no se atreve a decir en público. Es más, mucha gente dice en público lo contrario de lo que dice en privado”. Si ello es cierto, en general, respecto a muchas materias, en Cataluña es especialmente exacto en un campo particular: en la política lingüística.

En efecto, el debate sobre esta materia está estrictamente delimitado: sólo se aceptan las voces que exigen una mayor imposición del catalán y se descalifica con todo tipo de improperios a quien se atreve a discrepar en sentido contrario. Ello genera un clima de temor generalizado que permite a las autoridades ir tomando medidas sin que en la opinión pública tenga lugar, previamente, discusión alguna. En todo caso, lo políticamente correcto consiste en decir que hay un gran acuerdo social en esta materia y que las críticas no son otra cosa que intentos de crear problemas donde no los hay. Ciertamente, alguna razón hay en ello pero, como solía decir un amigo mío respecto a otras cuestiones, la razón que hay es poca y, además, no es aplicable a este caso.

En efecto, la convivencia en nuestra sociedad entre personas que preferentemente hablan en castellano y las que lo hacen en catalán es modélica. Puede haber algunos casos de intolerancia, tanto por una como por otra parte, pero se trata de raras excepciones que no hacen otra cosa que confirmar la regla. En una tienda, un bar o una oficina pública, unos hablan con total libertad en catalán y otros responden con la misma libertad en castellano, o viceversa, y nadie se enfada, como es natural y propio de personas civilizadas y bien educadas. Todo ello viene facilitado por el hecho de que se trata de dos lenguas muy parecidas cuyo conocimiento es común a la mayoría de los ciudadanos: un reciente estudio muestra que en la región metropolitana de Barcelona el 90% de los ciudadanos entienden y hablan catalán y castellano. Por tanto, en la sociedad, es decir, en las relaciones entre ciudadanos particulares, el bilingüismo es usual.

Otra cosa, sin embargo, sucede en la esfera pública, en las relaciones entre poderes públicos y ciudadanos. Alegando el hecho cierto de que el catalán es una lengua minoritaria en el mundo y que el castellano es todo lo contrario, en Cataluña se fue creando en tiempos de CiU una legislación y una práctica en las instituciones políticas que casi ha eliminado el castellano de la vida pública, incluida la enseñanza primaria y secundaria. Con el nuevo gobierno tripartito, la política lingüística anterior de imposición del catalán en la esfera pública no se ha modificado y, además, se comienza a regular el comportamiento lingüístico de los ciudadanos en el ámbito privado: en especial, en las actividades empresariales y en las relaciones entre comerciantes y consumidores. Veamos.

Por un lado, a fines de año se promulgó un decreto en el que se exige a los proveedores de la Generalitat – los cuales facturarán este año 8.550 millones de euros, cerca de un billón y medio de pesetas – a etiquetar en catalán. Por el otro, en el proyecto de nuevo estatuto que elabora la ponencia parlamentaria, parece que hay acuerdo en obligar a etiquetar en catalán todos los productos no sólo fabricados sino también distribuidos en Cataluña.

Analizar la racionalidad de estas medidas nos llevaría a hacer consideraciones de distinto género: desde la legitimidad de los poderes públicos para regular ciertos ámbitos privados hasta el coste económico de tales medidas y la repercusión que ello tendría en la economía catalana y, por tanto, en el empleo y en el bienestar de los ciudadanos, pasando por la compatibilidad de todo ello con un mundo diverso y globalizado. ¿Deberá exigir un importador de productos de Extremo Oriente que éstos ya vengan etiquetados en catalán o una vez ya importados deberá efectuar los gastos adicionales correspondientes para cumplir con la normativa de la Generalitat? ¿Cómo repercutirá todo ello en el coste de la vida y en el ya excesivo diferencial de inflación de Cataluña respecto al resto de España? Más allá de los dogmas fundamentalistas identitarios, a estas preguntas deberían responder nuestros políticos si los controladores de la corrección política no lo impidieran.

Con todo ello, quizás estamos construyendo una sociedad que tiende a una cierta esquizofrenia: a un lado, los ciudadanos en sus relaciones lingüísticas privadas solucionan fácilmente y con naturalidad sus problemas de comunicación mediante el libre acuerdo; y, al otro lado, los poderes públicos están creando un sistema legal para que no sólo en la vida pública sino también, cada vez más, en las actividades privadas, se actúe de una manera muy distinta. ¿No hay algo de irrazonable en todo ello? Sobre todo si tenemos en cuenta que cada año aparecen datos estadísticos que muestran cómo decrece el uso social del catalán. ¿No será que la tendencia a imponer coactivamente una lengua es equivocada y resultaría mucho más provechoso para la salud del catalán dejar que aquello que es real en la calle – es decir, la libre opción lingüística – lo fuera también en las instituciones y en la normativa sobre el uso de la lengua?

Pero de todo ésto no se habla en público: la corrección política catalana lo impide.

Francesc de Carreras

Catedrático de Derecho Constitucional de la UAB

(La Vanguardia, 20-I-2005)

Poder aprender

Test Aptitude: Fiche Profil STAGE SCIC

La buena selección es una de las claves del éxito en la formación en interpretación. No resulta un ejercicio fácil: muchos alumnos presentan un potencial lingüístico sólido, un bagaje cultural extenso o la madurez aparentemente necesaria para cursar estos estudios sin problemas pero, aún así, resulta difícil saber si esos alumnos podrán aguantar la presión de una formación intensa y exigente. Algunos formadores establecen paralelismos entre la formación en interpretación y la preparación de los deportistas de élite quienes, además de tener talento, tienen que poder aprender de sus errores en lugar de buscar excusas para fallar. La clave está en poder aprender.

El psicólogo Pep Marí habla de todo esto en su libro Aprender de los campeones. Os copio a continuación un extracto de su reciente entrevista en La Vanguardia como lectura adicional a mi vídeo L´étudiant idéal.

ENTREVISTA:

– ¿Cómo surgió la idea de publicar el libro ‘Aprender de los campeones’?
– Llevo trabajando 23 años como psicólogo en el Centro de Alto Rendimiento y los principios que regulan el alto rendimiento son los mismos que en cualquier actividad, ya sea deportiva o del tipo que sea. Para ser el mejor cirujano, periodista o psicólogo tienes que hacer lo mismo que para ser el mejor futbolista.

– ¿Cuáles son estos principios?
– En el libro los represento a través de una pirámide en cuatro niveles. El primero, y es lo que tienen en común los campeones, es que pueden aprender. Son personas que se acompañan de un entorno inmediato que no resta en su rendimiento. Si tú eres inestable viviendo no puedes ser regular rindiendo. En segundo lugar, no sólo pueden aprender sino que también quieren aprender. La motivación. Tienen muy claro los objetivos y lo más importante es que se dejan la piel para conseguirlo.

-¿Cuál sería el tercer nivel?
–  Los campeones saben aprender: reconocen los errores como propios y no buscan excusas, y los corrigen rápidamente. Un entrenador me dijo que hay dos clases de deportistas,
aquellos que buscan una excusa para poder fallar y aquellos que buscan una solución para poder acertar. Los que buscan excusas no son campeones. Los perdedores se quejan, los ganadores aprenden. Un campeón puede, quiere y sabe aprender pero falta una cosa.

-¿El qué?
– La puesta en escena, es decir, saber competir, rendir bajo presión, controlar los nervios, mantener la concentración y tener confianza en tus posibilidades. Está muy bien esforzarse pero no hay suficiente, hay que saber rendir. La cultura del esfuerzo más la de la eficacia es éxito asegurado. Además de saber rendir y esforzarse en el libro también da mucha importancia al talento.

  • ¿Se puede ser un campeón sin talento?
    – Te pondré un ejemplo con los jugadores Messi y Pedro. ¿Cómo es que Messi hace unas cosas que Pedro no hace? Podríamos caer en la tentación de decir que Messi tiene una técnica tan depurada que le permite hacer cosas que Pedro no puede hacer. Yo lo encuentro erróneo. Pedro tiene una técnica muy depurada, es buenísimo técnicamente y las cosas que hace Messi él también las podría hacer. Técnicamente está dotado para hacerlas, ¿pero por qué no las hace? Porque no se imagina que las podría hacer o como mínimo no se lo imagina tan rápido como Messi ya que si te lo imaginas más lento que tu defensor te quita el balón y ya no lo puedes hacer. Por eso digo que para mí el talento es imaginar rápido.

– Entonces el talento es imprescindible, ¿o no?
– El talento es imprescindible para conseguir el alto rendimiento pero no es suficiente. El entrenador de Los Lakers Phil Jackson dice que el carácter es más importante que el talento. Estoy totalmente de acuerdo porque el carácter es el que permite que el talento surja, se desarrolle y se materialice. Veo deportistas con un talento brutal que no han sido capaces de cuajar su talento y demostrarlo porque no tenían humildad, autocrítica, autonomía, persistencia en el esfuerzo, no vivían de una manera compatible con el alto rendimiento, y por culpa de este carácter no han podido manifestar su talento.

– Hablando de entrenadores, ahora que comentaba Phil Jackson, ¿para usted cuáles han sido las claves del éxito de Pep Guardiola?
–  Principalmente dos claves. La primera es la gestión de las personas. Es un gran gestor de personas y ser el líder de un equipo implica tratar a todo el mundo diferente en función de lo que necesita, no de lo que pide. A diferencia de Frank Rijkaard, que trataba a todo el mundo diferente pero en función de lo que pedían los jugadores y no de lo que necesitaban. Tú tienes que ser suficiente psicólogo para ver qué necesitan las personas en cada momento. Guardiola también ha conseguido algo muy difícil que es hacer entender al resto del colectivo de personas que aquel trato diferencial que le haces a aquel individuo en particular no sólo es lo mejor para ese individuo sino que también es lo mejor para el resto del equipo. En esto, Guardiola es un genio.

-¿Y la segunda clave?
– Está relacionada con el nivel de competir. Guardiola es un experto ajustando el nivel de alerta de sus jugadores antes de los partidos. Si los jugadores salen al campo muy nerviosos o tensionados cometerán muchos errores por precipitación pero si salen relajados se les anticiparán en las acciones o no llegarán. Hace falta salir al campo con el nivel justo de alerta, ni mucho ni poco, para cada partido.

– Podemos decir que Guardiola tiene mucha psicología deportiva…
– En este sentido soy bastante crítico. Una de las cosas que me permite mi profesión es trabajar con muchos entrenadores. Yo no creo que sea un genio aplicando la psicología, lo que pasa es que tiene mucho sentido común. Guardiola es un catedrático del sentido común y en un mundo donde hay tan poco sobresale mucho. Conozco a entrenadores que hacen servir la psicología y la integran tan bien como Guardiola pero nadie los conoce  porque son deportes minoritarios y no son tan mediáticos.

– Sin dejar el Barça, ¿cómo se explica que jugadores que lo han ganado todo sigan sin perder la motivación y las ganas de ganar?
– A la mayoría de los humanos ya nos fallaría la motivación. En este caso, no hay más remedio que trascender. Es decir, darle otro sentido a las cosas, un sentido que va más allá del objetivo real. El Barça no sólo juega para ganar sino también para ser un referente y un ejemplo para la sociedad. Y, por otro lado, estos jugadores quieren marcar una época, quieren pasar a la historia como el mejor equipo. Si no la ‘lían’ de esta manera tan grande faltan motivaciones porque un objetivo conseguido deja de serlo y cada vez tienes que fijar un objetivo superior que te haga más ilusión que el anterior. No queda más remedio que trascender.

-En este punto de trascendencia encontraríamos a Messi. Parece que este jugador no tiene límites a pesar de su juventud…
– Cuando vino a Barcelona de pequeño lo hizo con su padre y parte de su entorno le ha dado un punto de soporte para tener los pies en la tierra, eso ha sido muy importante. Y en la parte deportiva otra clave es el equipo. La prueba la tienes en la selección argentina, no es capaz de rendir al mismo nivel porque los valores que ha hecho servir Guardiola para crear este equipo, como la solidaridad, el sentido común, la discreción o la persistencia son valores que definen la personalidad de Messi y él se identifica con estos valores. El Barça también se identifica con Messi. Existe esta comunión tan clara e identitaria y a Messi le es más fácil asumir el rol que tiene en el Barça.

– Guardiola en más de una ocasión ha manifestado que es partidario de contratos cortos, ¿pero este Barça se entiende sin Guardiola?
– Cuando el entrenador Phil Jackson llega al baloncesto profesional dice que los jugadores son muy egoístas, y piensa cómo pueden ser tan egoístas y jugar a un deporte en equipo. Yo siempre digo que en los deportes individuales para triunfar tienes que ser un poco egoísta pero para ser un buen deportista de un deporte colectivo tienes que ser generoso. Tienes que saber anteponer el bien colectivo al tuyo particular, y eso es muy fácil de decir pero muy difícil de hacer. 

– ¿Y cómo se consigue eso?
– Phil Jackson para arreglarlo propone apelar a una fuerza más grande y gratificante que el propio ego: la belleza del sistema. Se ha llegado a un punto que jugar en el Barça debe ser una pasada, tanto que está por encima del bien individual. Conocí a un entrenador que decía que cuando se juega para el equipo se juega mejor y se disfruta más. Esto es verdad. Cuando hay esta sintonía de equipo y ya se ha creado este sistema de juego, que casi va solo y ya da igual que jugador pongas en esa posición en el campo, funciona y además luce. Phil Jackson comenta que eres un líder cuando eres capaz de hacer mejor a los que tienes a tu lado. En el Barça está pasando esto, va solo, incluso ya no depende de quien juega y me atrevería a decir ni del entrenador, si ahora pones otro entrenador creo que la dinámica arrastraría.

– ¿Y todo esto se puede extrapolar más allá del ámbito deportivo?
– En una de las fórmulas del libro explico que si juntas la ambición, el orden en el estilo de vida y la humildad, esto asegura la progresión a nivel deportivo y de lo que sea.

– En el libro también hace referencia a la presión, algo ineludible para los deportistas de alto nivel. ¿Cómo se puede hacer frente a ella para rendir más?
– La presión se puede aprender a llevarla mejor. Hay varias maneras de afrontarla. La primera es evitarla, ésta es la peor de todas. Si tú tienes un problema y lo evades se hace cada vez más grande, y no estás aprendiendo nada. La segunda manera es controlándola, ajustando muy bien el nivel de activación para jugar. La tercera manera es tolerar la presión, saber que forma parte de la competición y tarde o temprano vendrá. Se trata de que la dejes pasar, que no te rebotes, que hagas lo mismo que harías a pesar de que no estuviera. Para ello utilizo la frase de un actor, John Wayne, que da título a uno de los capítulos de libro: “Ser un valiente es estar muerto de miedo y a pesar de eso subir al caballo”.

– Interesante frase…
–  Todo el mundo tiene miedo y lo que se trata es subir al caballo. Y hay dos clases, los que suben y los que no. Y la última y mejor manera de afrontar la ansiedad es disfrutar bajo presión. Los mejores lo hacen. 

– En su trabajo en el CAR y por su experiencia durante estos años, ¿cuáles son las principales consultas que atiende de los deportistas?
– Básicamente son tres consultas. La primera está relacionada con no saber competir. Deportistas que entrenan de una forma perfecta pero llega el momento de la competición y los nervios les pueden. Otra consulta es cuando los deportistas nuevos se integran al CAR y su estilo de vida cambia radicalmente. La mayoría son deportistas que nunca habían salido de casa y se tienen que espabilar. Les cuesta adaptarse, no quiere decir que no se adapten sino que les cuesta, y son demandas que van en la línea de facilitar la adaptación. Y para acabar problemas de orden personal. Son personas antes que deportistas. Cuando pasan estas cosas evidentemente afecta el rendimiento.

– ¿Y a partir de que edad se tendría que trabajar aspectos psicológicos con el deportista?
– Desde el principio se puede empezar a trabajar. En el CAR la edad mínima para estar interno es a partir de los 14 años. Aunque no es tanto la edad sino el grado de autonomía, madurez y la claridad de los objetivos del deportista. Una de las cosas positivas de la psicología es que hace el vestido a medida.

– Para acabar la entrevista, ¿algún consejo para los deportistas que empiezan?
– Les digo que no se precipiten y que tengan coherencia entre el nivel de ambición de los objetivos y el compromiso de los medios. Si quieres ser uno más con que te impliques un poco ya lo tienes, si quieres ser uno de los mejores te tienes que comprometer, y si quieres ser el mejor tienes que vivir de una manera. Para ser uno más no hace falta incorporar un psicólogo, para ser unos de los mejores lo recomiendo, y para ser el mejor es imprescindible.